Una de las cosas más temibles en política es una mayoría absoluta. Vale todo. Sirve también para dar a conocer los personajes. Si Aznar fue uno en 1996, fue otro con mayoría absoluta en el 2.000. Y nos aplastó.
¿Puede ocurrir algo parecido con Zapatero?
No lo sé pero es un riesgo.
De hecho ya se dice que Rajoy es el Almunia del PP. Un candidato perdedor de oposición que va a durar round y medio. Nada más. Y esto comienza a inquietar. ¿Será Zapatero el mismo Zapatero con mayoría absoluta que sin ella? Lo dudo mucho, porque condición humana es que el hombre ante el poder se corrompa y ante el poder absoluto se corrompe absolutamente.
Lo comentaba Jesús Cacho:
“Mientras, el PP vive uno de los momentos más bajos. Caza de brujas en Génova y alrededores, donde se oye: “Esto va de mayoría absoluta”. Del PSOE, naturalmente. La sucesión de Aznar a la derecha española sigue abierta de par en par. A Esperanza las encuestas le empiezan a dar la espalda en Madrid, mientras Gallardón dice no estar políticamente preocupado por lo de Marbella, aunque sí familiarmente. “Sabemos ya quién es el Almunia del PP; queda por ver quién será su Rodríguez Zapatero”. Pues eso”.
Viene este comentario porque veo a los socialistas muy unidos. ¿Virtud de Zapatero? Puede ser, pero mucho más de ese gran pegamento que es el poder y para redondear el círculo el único que podía incordiar algo, José Bono, se ha retirado de forma algo extraña. ¿Por qué?
Se lo pregunté a un dirigente de la ejecutiva del PSOE en el desayuno de Imaz en Madrid. Me contestó: “Por dinero”. Se va porque en el gobierno ha tocado techo y quiere rehacer su vida y forrarse un poco, publicar algún libro, incordiar de vez en cuando y nada más. Esa fue su respuesta, que me la creo.
De ahí que frente al banquillo del que alardeaba el PP hace un tiempo y de la crisis del PSOE se ha pasado a la exaltación de Zapatero y a un Rajoy que huele a difunto. Así es la política.
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