Lerroux es una figura que concita el interés histórico por su trayectoria vital, indisolublemente relacionada con el papel que tuvo como movilizador de clases populares en la Barcelona de principios de siglo, y posteriormente como representante del republicanismo radical en la II República.
Hay en el personaje elementos de indudable valor literario, a lo que ha contribuido cierta tradición transmitida por la prensa, el recuerdo de los escándalos económicos y las contradicciones entre sus discursos y sus acciones. Es difícil, por tanto, no acudir a él para entender las relaciones sociales y la cultura política de ciertos sectores de la sociedad española -en especial de la catalana- en el primer tercio del siglo XX. Contando con los antecedentes de Romero Maura en su "Rosa de fuego" y los de Joan B. Culla en "El republicanisme lerrouxista en Catalunya (1.901-1.923)", Alvarez Junco aborda "El emperador del Paralelo" con mayor pretensión teórica y literaria, y Lerroux se convierte no sólo en una biografía política, sino en motivo para teorizar sobre el populismo como fenómeno aglutinador de clases populares.
El estudio finaliza en 1.909 sin prolongación hasta la II República -sólo existe una escueta referencia a los años siguientes-, lo que es perfectamente legítimo como acotación de una investigación. Sin embargo, resulta más discutible la justificación de tal decisión, puesto que "a partir de la Semana Trágica, Lerroux había perdido toda originalidad, todo impulso creador. Ni movilizaba masas ni lo intentaba. De orador mitinero de excepcional garra teórica había pasado a ser otro más de los tribunos rimbombantes y floridos que sobraban en el panorama nacional" (página 431). Las razones pueden resultar poco matizadas para un investigador de los años treinta. La cuestión básica está en aclarar en qué medida ese cambio fue consecuencia de su estancia en Argentina y con la proliferación de sus negocios. En el libro éste episodio constituye uno de los capítulos más sugerentes pero tal vez necesitaría mayor explicación causal para entender las dos fases del lerrouxismo.
El trabajo de Alvarez Junco tiene interés y es novedoso por varias razones: está bien escrito y busca la brillantez narrativa, de tal forma que un libro de historia no sea un producto para un público restringido, circunscrito a un ambiente académico, sino que pueda atraer a lectores con cierta cultura pero no necesariamente especialistas de historia. De esa manera la dimensión del investigador se acrecienta en el mercado editorial y su estudio adquiere una proyección poco conocida hasta ahora para obras de historia no específicamente divulgativas. Investigación que en el caso de "El emperador del Paralelo" es exhaustiva, ciertamente. Tiene indudable mérito el propósito de conjugar ambas cosas y en general está plenamente logrado a través de unas páginas que han sido cuidadas y probablemente rescritas muchas veces. Únicamente en algunos casos la búsqueda de un estilo literario fluido y ameno hace que la narración predomine sobre los contenidos interpretativos. Junto a ello destaca el intento de superar la historia social militante -teleológica-para comprender fenómenos que no son fáciles de reducir a esquemas.
Lerroux, cuyo análisis biográfico resulta pormenorizado y lleno de insinuaciones psicológicas, es en realidad en el contexto de la obra una oportunidad para entender las relaciones entre el izquierdismo republicano de tradición española, con el naciente catalanismo, las causas de la vinculación entre el movimiento obrero -o los obreros sin movimiento- con el lerrouxismo y las simbologías de los discursos que tanta atracción ejercieron en las movilizaciones populares, los intentos de articular una alternativa a la escuela confesional, el anticlericalismo como revulsivo a una moral vigente, las campañas contra la represión de Montuih y sus contactos con el anarquismo militante, la contrarréplica al creciente catalanismo, el periodismo, la cultura y la ideología republicana de principios de siglo que cuestionaba el sistema político de la monarquía restaurada. La originalidad de Lerroux, convertido por la tradición política en ejemplo de demagogo y anticatalanista, fue superar la esclerosis del republicanismo histórico, reducido a grupos de café o ateneístas de salón que practicaban la crítica periodista, y articular un partido que supo integrar a capas populares y darles una justificación para entrar en la lucha política en favor de una República que se presentaba como solución ideal de todos los problemas. Lo logró desde un bagaje ideológico escaso y una cultura pobre, pero con una oratoria descarada y efectista que en aquellos años representó una alternativa a los mecanismos de movilización al uso, donde el caciquismo de liberales y conservadores eran las formas habituales de participación política. Desde este análisis Lerroux se convierte en el prototipo, tal vez más genuino, de populismo -junto con el blasquismo en Valencia- de la España de principios de siglo. Para Alvarez Junco el tema no consiste sólo en catalogar el fenómeno porque a la postre no es mucho decir que "populismo es uno de los términos más escurridizos del vocabulario político" (página 432). Al margen de su "centralismo españolista" lo importante no fue en nombre de qué o de quién actuaba Lerroux sino cómo consiguió movilizar a amplios sectores que no se identificaban en aquel tiempo con el naciente catalanismo .
Estamos, pese a lo discutible de algunos enfoques -lógico en un trabajo de grandes sugerencias-, ante una obra reflexiva, laboriosamente realizada y espléndidamente narrada. Probablemente supondrá un salto en la ejecución y distribución de los libros de historia, al abordar un personaje tan cargado de polémica desde sus primeras apariciones públicas.
De Álvarez Junco existe un libro de 2001 titulado "MATER DOLOROSA, La idea de España en el siglo XIX" en el cual intenta explicar el proceso de construcción de la identidad española a lo largo de ese siglo, desde la inestabilidad y el atraso cultural y económico, la pérdida del imperio hasta la debacle del 1898, que cierra el siglo y anuncia una crisis identitaria con la creación de proyectos nacionalistas periféricos.
Pero no frunzan el ceño los nacionalistas y no desdeñen el libro por “españolista”; el nacionalismo es un sentimiento humano respetable, pero conviene relativizarlo y desacralizarlo un tanto, incluso _ no vendría nada mal_aplicarle ciertas gotas de humor.
Saludos.
Publicado por: Daniel | 08/25/2007 en 11:09 a.m.
El equivalente actual de lerroux=ciutadans,el del blasquismo= Unió Valenciana en sus "mejores" tiempos.
Un aticulo muy interesante.
Publicado por: Teresa | 09/08/2007 en 01:15 a.m.