Les contaba ayer la reunión que habíamos mantenido con los representantes de los partidos que juegan en el sistema. Uno de ellos, al finalizar, nos dijo con una sonrisa de oreja a oreja: “No se olviden ustedes que algunos de nosotros somos polígamos”.
Al terminar, uno le preguntó: “¿Cuántos hijos tiene usted?”. “Veinticinco”. “¿Con la misma?”. “Sí, con la misma”, le contestó mientras su pícara mirada se dirigía a sus bajeras. Y es que Obiang debe tener también una gran partida de hijos, lo mismo que sus ministros, diciéndonos que uno tenía nada menos que 78. Esa mezcla de cristianismo, con animismo, con machismo, con africanismo, debe de hacer éstas cosas, que, me imagino, una mayor cultura, la irrupción de la mujer en la vida política y social, irán poniendo las cosas en su sitio. Porque 78 hijos, trece mujeres y trece suegras, no creo sea fácil de conllevar.
Tras la reunión salimos escopeteados al aeropuerto. Allí nos esperaba un Falcon en el que viajamos el ministro y sus altos funcionarios, el ministro de Asuntos Exteriores guineano y los parlamentarios. En un Hércules los empresarios y periodistas, en un vuelo de tres cuartos de hora a Bata, al continente. La capital Malabo la dejamos atrás, en la isla de Bioko antigua Fernando Poo, la antigua capital Santa Isabel. La Guinea continental es la antigua Río Muni teniendo además otras islas como Corisco, Elobey Grande y Elobey Chico. Todos estos nombres nos son muy familiares pues los estudiamos en el bachillerato ya que Guinea era una provincia más de la indivisible unidad de España. (Miquel Bofill ante el avión que nos llevó a Malabo. Detrás el escultor Santiago de Santiago)
Llegamos a Bata y allí en caravana, nosotros en una furgoneta con gentes de la Cooperación, nos llevaron a unas villas de protocolo en el centro de una destartalada ciudad que comienza a urbanizarse. Cabíamos tres por villa y en la número cuatro estuvimos Maldonado (CIU), Bofill (ERC) y yo. Mi habitación y toda la casa parecía estar amueblada por el decorador de Saddam Hussein, pero la casa era cómoda y tenía un magnífico aire acondicionado y una señora a su cargo que se llamaba Inocencia. Me gustan estos nombres sacados de la Biblia tan sonoros. El coordinador de las Villas era Agostino y quien dirigía nuestra buseta Félix, un funcionario con una chaqueta tres tallas más grande, pero como casi todos los guineanos, muy amable, alegre y buena gente.
Todo esto nos fue retrasando y el caso es que llegamos a las dos de la tarde al Palacio África, una de las sedes presidenciales de Obiang. Me dijeron que era de tiempo de Macías, aunque remodelado y ahora con mucha jardinería. Sus arcos semejaban en algo a la Brasilia de Niemeyer.
De manera muy rigurosa solo dejaron entrar al salón de recepciones a Moratinos, a Fraga y a la delegación parlamentaria. Ni funcionarios, ni empresarios, ni periodistas, dejándole en la puerta a Laborda que se llevó un buen berrinche, con razón.
Subir las escaleras hasta llegar a Obiang significaba encontrarte un policía cada dos metros, marroquí, ya que ésta guardia, junto a la policía israelí es la que le protege porque en su día Suárez, tras consultar a Felipe González, no le envió los Guardias Civiles que Obiang solicitó.
Teodoro Obiang Nguema estaba en la puerta, nos dio la mano, nos invitó a sentarnos poniéndose él, junto a Moratinos, en la parte central bajo un gran cuadro de él mismo. Estos personajes no tienen ninguna timidez al mostrar tan claramente el culto a la personalidad que les rodea.
Debidamente acomodados y tras unos cinco minutos de sesión de fotos, a mí me dijeron que no se podían sacar, nos quedamos con el presidente, el primer ministro, el de exteriores y un policía cimarrón detrás de Obiang.
Moratinos habló de Fraga, del viaje, de la delegación, de la necesidad de mirar adelante, de los 41 años de desencuentros, de la necesidad de una mayor colaboración, de que en España la prensa es libre y los gobiernos democráticos no pueden impedir que informen ni de la manera como lo hacen, pero que la voluntad es cerrar una etapa y abrir otra. La víspera, por la noche, Moratinos había tenido una bronca fenomenal con la corresponsal de TVE por informar sobre las cuentas de Obiang en Estados Unidos.
Con Obiang había estado yo hacía 21 años en Malabo, en una reunión parecida aunque sin tanto protocolo. El viernes 10 me pareció su parlamento más fluido, articulado, más seguro y dominando la escena. Le dijo a Moratinos lo mal que le había sentado que el presidente del Congreso Manolo Marín le llamara en su último viaje en el año 2006, cuando se dirigía al Congreso para decirle que no fuera ya que había Grupos que se oponían. Eso le había dolido y no le cabía en la cabeza. Habló de las noticias contra él y su familia, la doble vara de medir los derechos humanos cuando él había permitido que relatores de NN.UU. visitaran el país para estudiar las condiciones de las cárceles y si había o no tortura en su país, de que Guinea organizará la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana en el año 2011 y que albergará la Copa de África de Naciones de fútbol que se celebrará en 2012.
Recalcó que la tasa de alfabetización era de un 87% de los jóvenes mayores de 15 años escolarizados haciendo hincapié que Guinea Ecuatorial es el segundo país con la tasa de alfabetización más elevada de los 53 países que integran el Continente Africano. Le pidió a Moratinos consolidara la posibilidad de que Guinea pudiera asistir en principio como Observador a las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, y tras recordar que fue él quien logró que el español sea lengua oficial de la OUA, costándole mucho, pues es el único país, con el Sahara, en el que se habla castellano en todo el continente, destacó que ese vínculo histórico no lo quieren perder pues es parte de su identidad. Más o menos esto fue lo que dijo terminando su larga disertación con la expresión de: “Borrón y Cuenta Nueva”.
Acabada su intervención y para nuestra sorpresa nos dijo que para que viéramos que había libertad de expresión quería escuchar lo que le decíamos los demás parlamentarios y no solo Moratinos.
Intervinieron muy prudentemente y laudatoriamente José Carracao, portavoz del PSOE y Gustavo Aristegui, del PP. Terminados éstos, pedí la palabra y comencé recordándole cómo había estado con él en Malabo hacía 21 años, que aquella Guinea era una Guinea muy pobre y que 21 años después se ve, porque salta a la vista, una mejora evidente en infraestructuras, en carreteras, en actividad económica, que no se veía hacía dos décadas. Le recordé como un policía municipal de Donosti, Lorenzo Bacale, me había pedido ayuda para montar en Guinea una Auto Escuela y que cuando volví le había dicho que eso era como poner una venta de hielo en el polo, porque yo no había visto ni coches, ni calles. Pero que esa riqueza material que era del pueblo guineano debería ser mejor distribuida, pero sobre todo Guinea debería destacarse por el respeto a los derechos humanos, por la libertad de expresión, por el libre juego de los partidos políticos, por unas elecciones con posibilidad para todos los partidos y sus minorías y que eso obraría en beneficio de su pueblo y de la imagen de su régimen. Todo dicho respetuosamente porque se puede decir la mayor de las verdades si cuidas el tono. Me siguió el portavoz de ERC, Miquel Bofill que cogió la pelota al segundo bote y le pidió elecciones libres con un censo depurado y conocido y que la riqueza sea distribuida mejor de lo que está. Y terminó el portavoz de CIU que le contó como tenía una ONG que se dedicaba a hacer campos de fútbol y que en setiembre iba a inaugurar uno en Evinayong. Todo pues muy correcto, aunque la dijimos a la cara lo que pensábamos. No me imagino a ninguno de los Castros, a Chávez, Evo Morales o Animhayaded aguantando críticas hacia sus dictaduras de la manera como Obiang lo hizo el viernes pasado en su Palacio y con un gorilón detrás de él. Y no es que crea que es un demócrata, no, pero sí, que es una dictadura singular que comienza a estar en un cierto proceso de cambio y de apertura, pese a las mil dificultades y a una policía represiva y que sigue usando la tortura y la persecución del disidente. Guinea está pues como España en 1973, salvando las distancias.
(Obiang condecora a Moratinos)
Terminada la larga entrevista, que duró unas dos horas, bajamos al comedor, donde echaban las muelas los periodistas y los empresarios. Antes, finalizado el acto en su despacho, les condecoró a Fraga y a Moratinos. A Fraga le dijo que “le agradezco enormemente que haya venido, porque ya puedo ver que está en las últimas”, total que les dio el chapón de la Orden de la Independencia con un protocolo muy enfático y un encargado del acto, que parecía en sus parlamentos el Chambelán mayor de la Reina de Inglaterra.
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