Yo creo que en mi tierra, en la tierra vasca -cada cual arregle su casa como mejor le parezca- no debe haber más elecciones directas que las municipales.
El defecto mayor del sufragio universal consiste en que son muy pocos, escasísimos, los ciudadanos que saben a quién votan y por qué. La casi totalidad de los electores no van al colegio electoral conducidos por su criterio, sino por otros criterios, o por otros intereses. Suelen ser llevados, casi siempre, o por el tabernero o por el cacique o por una apasionada campaña periodística, o por un odio, o por una amistad, o, en el mejor de los casos, por los dirigentes de un partido político. En muy pocas ocasiones por el juicio que él se haya formado de las cosas con su leal saber y entender.
Y es que, en realidad, a la mayor parte de los ciudadanos se nos hace muy difícil, si no imposible, conocer cuáles son los problemas que tiene planteados la nación, y muchísimo menos podemos saber cuáles son, entre nuestros compatriotas, los más capacitados para estudiarlos y resolverlos. Esto es muy difícil y sólo está al alcance de unos pocos. Todo lo demás, al votar, no sabemos lo que hacemos. Hay sí, cosas elementales que se saben, pero suelen ser de tipo negativo: sabe el obrero que debe votar contra el patrono, y el patrono sabe que tiene que votar contra el obrero; pero ni unos ni otros saben si, al hacerlo, mejoran su situación, que es de lo que se trata siempre, en fin de cuentas. Por ejemplo, si yo quiero que el pueblo vasco viva regido por leyes dictadas por los mismos vascos, y no por ningún otro, es porque creo firmemente que así vivirán mejor, sin daño para nadie. Sencillamente. Esto lo sé muy bien. Pero al referirnos a las cuestiones relacionadas con los intereses generales del pueblo vasco, ya la cosa se complica, y la mayoría nos perdemos en la complejidad de los problemas.
No ocurre así cuando se trata de cuestiones que sólo afectan al municipio. En los municipios, los vecinos saben si hace falta más escuelas, o no; si hay bastante con un médico, o si habrá que traer otro; si el veterinario es capaz y buena persona, o no; si las aguas son buenas y suficientes, o si habrá que purificarlas o hacer nuevas tomas; si los caminos están bien cuidados, o hay que atenderlos mejor; cuándo hay que desbrozar el río, y si es necesario prolongar un poco el espigón del puerto, o si merece la pena de colocar un reloj en la torre de la iglesia. Y aún en las ciudades -la mayor de nuestra tierra no llega a doscientos mil habitantes- los vecinos saben, o pueden saber fácilmente, cómo van las cosas municipales, y cómo podrían ir mejor. Además, los vecinos se conocen bastante bien y, si no se les coacciona, elegirán con acierto sus representantes. Por eso creo que las elecciones deben ser directas en los municipios.
Pero cuando los problemas y los intereses giran en una órbita mayor, cuando se refieren a toda la nación, o a toda una región -Vizcaya, por ejemplo- con sus cuestiones de fábricas y de astilleros, de agricultura o de pesca, de carreteras y ferrocarriles, de universidad, de sistemas fiscales, entonces la casi totalidad de los electores está desorientada y no sabe qué hacer. Y todo lo que hará será dejarse conducir hasta la urna por el tabernero, el secretario del Ayuntamiento, el cacique, el periódico o los mandamases del partido. Pero eso ya no es votar. Eso es ceder a otro el derecho de votar.
¿Se considera conveniente que existan las Diputaciones?. Pues que las elijan los Ayuntamientos. ¿Llega el momento de elegir la Junta general, en lugar del Parlamento parlanchín?. Pues que los Ayuntamientos saquen de su seno los componentes de esa Junta. ¿Hay que elegir presidente de la nación?. Que lo elijan los alcaldes o la Junta general. Y luego, que el presidente señale quiénes han de formar el gobierno, y que gobiernen. Al gobierno le residenciará cada año, o cada dos años, la Junta general, que le pedirá cuentas de lo que ha hecho, aprobará o desaprobará su gestión, y le fijará, cuando las crea conveniente normas de actuación.
Yo tengo gran confianza en la capacidad y en la honestidad de los vascos para regir y administrar la cosa pública. Propios y extraños lo han reconocido así en muchas ocasiones. En el país vasco es muy raro el político venal, y los funcionarios públicos han probado siempre tener muy limpias las manos, las conciencias y hasta las camisas, que también tiene su importancia.
No compliquemos, pues, las cosas. Cuanto más sencillo sea el sistema, mejor. Y cuando depositemos nuestra confianza en un concejal, en un diputado, en un juntero, en un ministro, en un presidente, dejémosle trabajar en paz, y dejémonos de elecciones cada tres meses; sobre todo, dejémonos de elecciones en que no sabremos qué es lo que vamos a votar.
Ello no implica, por otra parte, ningún perjuicio para los principios democráticos. La función de crítica deberá estar abierta siempre para cualquiera. El partido político, el sindicato, la agrupación; y, en último término, el individuo, tienen, en un país tan pequeño y tan bien comunicado como el nuestro, toda clase de facilidades para hacerse oír: el periódico diario, el semanario, que hoy está al alcance de la más reducida minoría política, el libro, el folleto, la radio, y hasta la tertulia de café o de taberna son vehículos bastantes para llevar las opiniones de una a otra punta de nuestra tierra, Libertad, libertad para expresar las opiniones, todas las opiniones. Y en la prensa, particularmente, libertad sin traba alguna para la idea… y el carro de la basura, naturalmente, para recoger las inmundicias que se nos quieren servir como ideas: la mentira desvergonzada, la calumnia, el insulto, el chantaje, la grosería, la estupidez. Al carro, al carro de la basura, antes de que lo vean los vecinos.
EUZKO-DEYA DE MÉXICO
(01 de Enero de 1944)
Ya empezaba a impacientarme porque no veia que salia Tellagorri.Y veo que empiezas con el año 44.Pobre Tellagorri.Creia que al acabar la guerra mundial iba a volver y a enredar en el mundo electoral como habia hecho en tiempos de la Republica.En ese contexto enmarco este articulo tan bien escrito como los anteriores.
Publicado por: zaldupe | 11/10/2009 en 12:46 p.m.
Tellagorri aqui prima lo municipal sobre lo nacional vasco.Construir de abajo arriba.Una manera inteligente de hacer politica
Publicado por: Miren Castresana | 11/10/2009 en 11:15 p.m.
Todo ese segundo párrafo es un reflejo de la mentalidad real de los peneuveros, a los que jamás ha gustado la Democracia con sufragio universal, ya desde los tiempos de su fundador Savino Polikarpo Arana.
No es necesario expresar nada más porque queda perfectamente expuesto el modo de pensar de los similares : Adolf, Benito, Franco.
Publicado por: Javier Tellagorri | 11/20/2009 en 10:00 p.m.