Antes de ahora he escrito algo sobre que los hombres avanzamos más lentamente que las cosas que hacemos y que las ideas que elaboramos. He querido referirme al espíritu del hombre, naturalmente.
No va a haber más remedio que distinguir bien entre mente y espíritu, aunque en algunos idiomas haya una sola palabra para ambos conceptos. Nuestra mente, que no conoce el freno, avanza rápida o a grandes saltos; pero nuestro espíritu es más prudente y no acepta las innovaciones que nuestra mente crea, lo mismo en lo que se refiere a cosas materiales que a las puramente especulativas.
Por ejemplo, somos del tiempo del ferrocarril, del automóvil y del aeroplano, pero lo que a nuestro espíritu le gusta todavía es la diligencia, con su tiro de seis hermosos caballos y con su mayoral de copa alta y gran abrigo, que fuma tagarninas y escupe tacos y saliva amarilla, que bebe vino en todas las tabernas del camino y que dice cosas graciosas y un poco desvergonzadas a las mozas que encuentra a su paso; la diligencia, que rueda por el polvo o el barro de la carretera, con sus caballos que avivan el paso y sacuden sus collerones de cascabeles cuando el mayoral restalla su látigo; la diligencia, que se detiene en las posadas para que los viajeros se reanimen un poco junto a la lumbre, o para que refresquen bebiendo bajo la parra de la hostería.
Somos del tiempo de los grandes trasatlánticos que navegan rápidos y no temen a los temporales; pero ¡ah!” lo que a nuestro espíritu le gusta aún es el barco velero cuando sale de la bahía de La Habana con todas sus velas tan airosas al viento, y se hace a la mar para entrar seis meses más tarde en el abra de Bilbao, cargado de sacos de azúcar y de café. No le gusta a nuestro espíritu el capitán atildado, pulcro y diplomático del gran buque a motor, sino el capitán de sudeste, pipa y sotabarba. Ni le gusta la orquesta del gran paquete, sino el acordeón que toca el marino cuando el sol rojo se está poniendo mientras sigue su rumbo el barco velero.
No nos gusta el radiador de la calefacción general; nos gusta la gran chimenea, con sus gruesos troncos ardiendo; y nuestro espíritu está de fiesta cuando después de haber caminado unas cuantas horas sobre la nieve y bajo la cellisca, mojados y ateridos, entramos en la casa vieja y nos sentamos junto al fuego, disponiéndonos a beber una jarra de vino templado por una manzana asada muy caliente, mientras nos preparan la cena.
No nos gusta el cubismo, con su geometría de colores, su ojo tuerto y su media cara; nos gustan los clásicos, los académicos con sus escenas completas y comprensibles. No nos gustan todavía las batallas de tanques: nos gustan aún las cargas de caballería a sable o con lanza. Estamos ya en los tiempos del bugui-bugui, pero lo que nos gusta es la graciosa cadencia de los valses vieneses. Se usan faldas tan cortas que las mozas nos enseñan hasta las corvas; pero a nuestro espíritu le gustan aquellas pomposas faldas de seda que llegaban hasta el entarimado lustroso y sólo dejaban ver la puntita reluciente del zapato de charol. Somos del tiempo de la luz eléctrica, pero dormimos mucho mejor cuando después de haber leído un poco en la cama de cuatro colchones, apagamos de un solo soplo la vela hincada en el brillante candelero de bronce. Somos del tiempo del gramófono, con sus discos que reproducen exactamente los más complicados juegos de melodías orquestales; pero lo que nos gusta es la pequeña orquesta del salón familiar, con la amada sentada al piano, el novio de pie, con su cara de lerdo, tocando el violín, el futuro cuñado silbando en la flauta con su cara de pillo, y la suegra tocando el arpa en un rincón y vigilando todo aquel negocio. No nos gusta aún la radio, que todo lo dice a gritos y para todos; nos gusta el cuento al oído y la murmuración discreta, mientras se pasea despaciosamente por la parte soleada de la plaza…
No es que hayamos nacido con un par de siglos de retraso y todo lo de la época nos parece grotesco; es que nuestras manos construyendo chismes y nuestras mentes elaborando, conceptos, han ido demasiado aprisa, un poco alocadamente; en tanto que nuestro jardín, hecho de tradiciones, camina mucho más lentamente. Y mucho más juiciosamente.
EUZKO DEYA DE MÉXICO
Enero de 1945
No estoy de acuerdo, el hombre no es reacio a lo nuevo, es reacio a lo que no entiende, no entiende como se enciende una bombilla y menos lo hacía en los años en los que se escibió este artículo, pero sí como funciona una vela, con los años el hombre a aprendido ha aceptar los avances tecnológicos y a no hacerse preguntas, pero otro campo distinto es el de cualquier ciencia social. El problema vendrá el día en que los seres políticos veamos las decisiones políticas con los mismos ojos que los avances tecnológicos, una claro ejemplo de esto es para mí el tav, cuando veo a un profesional de la política como es el presidente de la ccaa de cantabria decir que la falta de tav incomunicará a cantabria, me pregunto que clase de incomunicación será cuando el tav comunicará a cantabria con los mismos puntos en los que lo hace actualmente renfe, palencia, bilbo y oviedo con la diferencia de que el tav para sólo en las capitales y si pillas renfe podrás parar en otras estaciones, aunque los viajes de largas distancias de renfe no paren en todas las estaciones intermedias, es cierto. Y si hablamos de mercancias por las vías del tav no pueden desplazarse, hace falta una muy buena inversión para cimentar las vías y sólo se hará en la comunidad autónoma vasca, fuera de ella no se podrán desplazar. Todo esto para decir que los tecnócratas se están haciendo cargo de decisiones que son puramente políticas y que esto es un gravísimo error, hoy tenemos el liberalismo económico con su praxología que intenta explicar los comportamientos humanos en el hámbito económico, creando el que conocemos como homoeconomicus, ayer teníamos el marxismo leninismo que aplicó el método marxista a las ciencias sociales, de tal manera, nunca hecha por marx que adoptaron un caracter estas aplicaciones de ciencia nominales exactas, totalmente alejado como marx aplicó su método a ellas (soy marxista).
salud
Publicado por: sozialismorantz | 06/08/2010 en 11:54 a.m.
me he dado cuenta cuando lo he escrito pero he esperado a que le de el paso para corregirlo, ciencia nominal no, formal, se me va, se me va
Publicado por: sozialismorantz | 06/08/2010 en 06:35 p.m.
recorrección se me va, es formal
Publicado por: sozialismorantz | 06/08/2010 en 06:37 p.m.
Kaixo, Iñaki.
Hoy en "Los miércoles poéticos" de Algorta tenemos tres temas principales: Alfonso Ruiz, Abraham de Amézaga y Tellagorri.
http://www.facebook.com/home.php#!/group.php?gid=131217033563629
Un abrazo.
Publicado por: Sotavento | 06/23/2010 en 06:41 p.m.
"No nos gusta el radiador de la calefacción general; nos gusta la gran chimenea, con sus gruesos troncos ardiendo"
Somos materia y espiritu y toda la vida nos complicamos o preocupamos de las guerras ajenas cuando la gran batalla es vencer la nuestra propia e intentar que tanto espiritu y materia marchen juntas a la par y de la mano.
Gracias por tu escrito que ha llegado a mis manos en un momento propicio en el que he de tomar una decision.
Publicado por: Isabel Costa | 06/23/2010 en 08:52 p.m.