El día 19 de Junio de 1977, exactamente a los 40 años de la caída de Bilbao, cuando comenzó el exilio, el cautiverio y el odio desatado contra nuestro pueblo, en Gernika y en Askain se inició una nueva era de acción positiva hacia la conquista de cotas crecientes de poder para los vascos.
El viejo gudari alavés, Patxi Lecea, sin poder contener unas lágrimas de emoción momentos antes de que entraran al recinto de la Casa de Juntas donde se halla el árbol sagrado los elegidos del pueblo, nos decía que algo más de 40 años antes, estuvo micrófono en mano, relatando para Radio Euzkadi, el acto de la jura del primer Gobierno de Euzkadi presidido por José Antonio de Aguirre, desde aquel mismo rincón del vestíbulo donde dialogábamos. En 1964, añadió: "era mi hijo quien fue fotografiado por la revista París Match, con la boina en su mano, ante el roble de Gernika, fotografía que fue un símbolo de la resistencia vasca y que dio la vuelta al mundo".
Como Patxi Lecea, aquel domingo miles de personas se trasladaron a Gernika a presenciar lo que había de ser un hito histórico.
Veintisiete parlamentarios vascos electos en las urnas por el pueblo días antes acordaron constituir una Asamblea de Parlamentarios para ir aunando sus esfuerzos antes incluso de incorporarse al Parlamento de Madrid. Se tomaron importantes acuerdos ante el público que rebosaba en la Sala de Juntas. Representantes del Partido Nacionalista Vasco, del Partido Socialista de Euzkadi, de la Unión del Centro Democrático, de Euzkadiko Sozialista Elakarte Indarra y otros de signo independiente, a quienes unía su defensa de la tierra que los vio nacer y que los designaba sus representantes, así como el propósito de llevar a cabo un trabajo eficaz y de conjunto hacia la consecución de metas políticas, económicas y de justicia social para Euzkadi, se dieron cita, no solamente simbólica, sino para dar comienzo al trabajo de conjunto, en el templo de la democracia vasca, en Gernika.
D. Manuel de Irujo, decano de los parlamentarios presentes, señaló para dar inicio al acto, que allí no se congregaba una facción, una capilla política, sino que eran los mandatarios electos, "Es el pueblo vasco el que hoy se reúne aquí. ¡Gora Euzkadi Askatuta!"
Comenzó como un mitin, pero siguió como sesión de trabajo. Quedó constituida la Asamblea de Parlamentarios Vascos y se acordó tener reuniones comenzando el miércoles día 22 en el Palacio de la Diputación de Donostia y posteriormente en forma rotativa en las cuatro capitales vascas, hasta fraguar un programa de acción común en las Cortes, redactar un proyecto de Estatuto, y lograr que éste fuera negociado con el gobierno antes de que sesionran las Cortes.
Ajuriaguerra por el Partido Nacionalista Vasco, Múgica Herzog por el Partido Socialista de Euzkadi, Juan Echevarría Gangoiti por el Centro Democrático fueron los que más participaron en la sesión pública de la Sala de Juntas que duró una media hora. Posteriormente se retiraron a redactar los acuerdos tomados mientras el público en medio de un gran entusiasmo, con cantos y txistu, con un ambiente parecido al final de un mitin
Vascos de otras partes como, Etxeberri Aindiart de allende el Pirineo, Peter Cenarruza de Idaho, y entre el público muchos jóvenes, incluso algunos niños, que retenían en su pupila aquel solemne acto y como Patxi Lecea 25 años después podrían contarlo a futuras generaciones de vascos.
La segunda parte de este acto tuvo lugar en Askain (Laburdi), donde el Gobierno de Euzkadi exiliado por la guerra y la persecución política, mantenía en alto la bandera de un pueblo consciente de sus derechos y que nunca habían claudicado.
Como dijo Benegas en Gernika, perdimos la guerra, pero aquello era una victoria del pueblo vasco la que se celebraba.
Dos generaciones de representantes vascos surgidos de la consulta popular libre y democrática, se habían pasado la antorcha en Askain. El acto fue sencillo y breve. El escenario humilde. En un saloncito de un restaurant, no en edificio de piedra, como corresponde a una ceremonia casi clandestina aún, el Presidente Leizaola dio la bienvenida a los nuevos representantes del pueblo y aseguró que entregaría el simbólico poder que ostentaba a las nuevas autoridades que fueran designadas al otorgársele a Euzkadi la autonomía que fuera suprimida a sangre y fuego hacía 40 años.
¡No esperaba ser yo, a quien tocara hacer esta entrega, pues fue tan larga la espera!" - dijo visiblemente emocionado Leizaola a sus 81 años.
Los vascos acabábamos de batir otro récord. El tan discutido y sacrificado y tantas veces ignorado Gobierno de Euzkadi, volvía a ser una pieza esencial en la reanudación de una etapa histórica que comenzaba para los vascos. Y 40 años de exilio continuo, era un récord mundial de duración, de persistencia, de firmeza y decisión que honraba al Lehendakari Leizaola y a quienes lo precedieron y acompañaron.
Ocuparon la mesa del Gobierno los consejeros Gonzalo de Nardiz, Juan Iglesias y Mikel de Isasi aparte del propio Lehendakari Leizaola.
Xabier Arzalluz y José Mari Benegas señalaron la solemnidad del momento y refrendaron la resolución de mantener la unión que había caracterizado la gesta del Gobierno Vasco, así como la colaboración que las fuerzas democráticas mantuvieron durante la resistencia y la clandestinidad.
Las agencias de prensa extranjeras y nacionales, así como las revistas y periódicos vascos, sin faltar los corresponsales gráficos de Francia, Inglaterra, Alemania, EEUU y Suecia, cubrieron los actos de este importante día de reanudación de enlace entre dos generaciones y de la reactivación de un mandato.
Leizaola lo dijo en Askain: "Etorri da eguna!...abestiak dion bezela Laister dator eguna ... ba ara emen, etorri da!"
UN TESTIMONIO DE HACÍA 40 AÑOS
El periodista del Times, George L. Steer, lo había escrito en su libro “El árbol de Gernika”.
"El pueblo vasco está orgulloso del año en que se gobernó a sí mismo. De cómo fue capaz de mantener el orden y la verdadera paz, dio libertad a todas las conciencias, aliento a los pobres, curó a los enfermos, dirigió todos los servicios de un gobierno sin que se produjera una sola querella entre el Ejecutivo y el pueblo. En toda España fue el único que demostró que estaba preparado para gobernar. Mientras otros aterrorizaban a las clases trabajadoras y asesinaban, el vasco unió a su pequeña nación con los recios lazos de la solidaridad humana, tan fuertes como los costados de acero de sus pesqueros. El suyo fue un verdadero frente del pueblo, sin ningún motivo siniestro para formarlo. Sus raíces eran muy profundas y su linaje muy antiguo, pero sus hojas están llenas de verdor y virtud y se renuevan cada año. Acumulan savia perenne y salud, que emanan de una sociedad sin clases y permanece inconmovible bajo el fuego y las explotaciones, para proporcionar sombra a los futuros legisladores que elegirá el pueblo. Su símbolo y su historia es el Árbol de Gernika"
GEORGE L. STEER (Corresponsal del "The Times" en la guerra)
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