Mikel de Isasi
Conocí a Don Iñaki Unzeta, como respetuosa y cariñosamente le llamábamos, en la madrugada de un día de finales del año 1959 cuando pasamos clandestinamente la frontera escapando de la policía franquista y él en compañía de Joseba Rezola nos esperaba en la muga para recogernos y trasladarnos a lugar seguro en Laburdi. Desde entonces hemos vivido muchos años juntos, compartiendo las alegrías y amarguras de los quince años de exilio que restaban desde entonces.
No voy a hacer la biografía de Don Iñaki. Otros la harán mejor que yo. Recientemente he leído una, muy veraz, humana y cariñosa, que le dedicaba su paisano y compatriota, José Antonio Zabala, continuador al frente de la gestión municipal en Bergara, donde si no me confundo Don Iñaki fue primer Alcalde nacionalista.
Quiero referirme a Don Iñaki persona. Don Iñaki tenía SEÑORÍO. A Don Iñaki se le notaba, se le sentía allí donde estuviera, sin necesidad de estar en primera fila. Su amabilidad en el trato, su juicio sereno, hacia necesaria su presencia en los momentos difíciles, cuando había que tomar decisiones importantes en el Partido.
Don Iñaki era hombre de convicciones. Escuchaba, oía, callaba, y al final su juicio tenía las consideraciones cristianas y patrióticas del caso.
Su patriotismo le llevó primero a la cárcel y más tarde al exilio. Vivió como todos los exiliados con la esperanza de conseguir los objetivos patrióticos del Partido.
Don Iñaki vivió el nacionalismo vasco. Conoció sus orígenes y vivió su desarrollo. Se identificó con él. Ello le permitió enjuiciar con serenidad las distintas etapas que el Alderdi ha vivido. Contempló el pasado con ilusión y orgullo y observó el presente con la fe del militante disciplinado y convencido del triunfo final de una causa justa.
Don Iñaki era constante y tenaz, por ello hizo durante años la revista Alderdi, órgano del Partido en la época, y vinculo de los patriotas repartidos por el mundo. Su salida regular era su obsesión. Para ello, pedía, insistía, reclamaba y en ocasiones exigía. Porque Don Iñaki era hombre de gran carácter. Cierto que lo usaba en contadas ocasiones, pues lo suyo era la bondad, pero sabiamente dosificado en ocasiones fue remedio definitivo a difícil situación.
Don Iñaki fue respetuoso con los demás. Su larga vida patriótica le puso frente a personas y le creó enemigos. Para todos ellos tuvo su respeto y comprensión, como se lo exigía su espíritu cristiano.
Vivió en Euzkadi y para Euzkadi toda su vida. Por todo ello pienso que verdaderamente Don Iñaki tenía SEÑORÍO.
Mikel de Isasi (1982)
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