El padre Obieta habla de sus características y sus límites
Auto determinación, independencia, federación. Deseos y anhelos de muchos de los pueblos que hoy se consideran aplastados o menospreciados, de muchos que ahora intentan recuperar el timón de sus propias decisiones. El padre José Antonio Obieta, profesor de la Universidad de Deusto, fue autor de un clarificador libro que llevaba por título "El derecho de autodeterminación de los pueblos". El punto de partida de su obra se apartaba de las tesis clásicas sobre el tema. El padre Obieta defendía que la autonomía es un derecho de los pueblos, ya que así está reconocido por los primeros pactos de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, concretamente los de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y los de Derechos Civiles y Políticos, firmados en 1966.
El estudio, muy riguroso, avanzaba paso a paso en las definiciones y pruebas de cada uno de los asertos del autor. La primera definición se refiere al concepto de pueblo, "una comunidad de cultura que se llama etnia y que además tiene conciencia colectiva y mayoritaria de su propia identidad y de su diferencia con otras parecidas". El rasgo más visible de esa diferenciación lo constituye la lengua.
El pueblo así definido tiene pleno derecho a la autodeterminación, como lo prueban los pactos suscritos por la Comunidad de Naciones. Y esa autodeterminación implica a su vez una serie de derechos englobados en ella: el de autoafirmación, autodefinición, autodelimitación, autodeterminación interna y externa. Estos dos últimos son los que plantean los mayores problemas. En román paladino, significan que cada pueblo puede darse internamente la forma de gobierno que le parezca más conveniente y que, en el orden externo, tiene la capacidad de decidir su futuro político respecto a los otros pueblos. No pocos lo confunden con el derecho a la independencia. En realidad, según el padre Obieta, no tiene porqué ser así: un pueblo puede decidirse por la federación o por otras formas intermedias de relación con otros pueblos, sin tener porqué llegar necesariamente a la independencia, aunque, en teoría, tenga ese derecho.
Independencia sí, pero sólo para las colonias
El problema reside en que los países firmantes estaban de acuerdo en reconocer esos derechos para las colonias de los extintos imperios, pero no tanto en extenderlos a los diferentes pueblos que configuran sus propios Estados. "Piensan que la aceptación de tales principios para el interior de sus Estados rompería el principio de "integridad territorial" en el que se basan, afirmaba el padre Obieta. Según ellos, llevarlos a la práctica sería tanto como deshacer el Estado, aunque el ejemplo de Suiza sea clara muestra de la falsedad del argumento".
Es más, el derecho a la autodeterminación es un derecho humano, en el sentido de que toda persona, al nacer, viene condicionada por dos comunidades, la familiar, en primer término y luego el pueblo al que pertenece, que le moldea constantemente y le integra en un grupo, con sus costumbres, su psicología y su lengua. Todo cambio que se opere en este pueblo, impuesto desde fuera, afectará necesariamente a las personas que lo componen, de una forma decisiva, y por tanto a sus derechos como personas.
Para llevar a la práctica lo firmado ante las Naciones Unidas, se hace urgente y necesaria una reestructuración profunda de los Estados, que en su inmensa mayoría son multinacionales, es decir, compuesto de una amalgama de diversas nacionalidades. En este sentido, caben varios caminos. Uno de ellos, el adoptado por el Estado español, es la creación del llamado "Estado de las autonomías". Para el padre Obieta, a la hora de enjuiciar esta vía, afirmó se trata de un camino más sencillo que el del independentismo para modificar las estructuras del Estado. En muchos casos se ha identificado el aparato estatal con una de las nacionalidades que lo componen, y se le han otorgado a ella todos los privilegios, al funcionar un estado multinacional como si fuera uninacional. Esta postergación o aplastamiento de las demás comunidades propicia la aparición de los nacionalismos, ya que todas aspiran a la igualdad de tratamiento.
La vía de transformación del Estado debería desembocar en una estructura supranacional o no-nacional, en que el aparato no se identifique con ninguna de las nacionalidades que lo configuran. El ejemplo más claro y perfeccionado lo ofrece Suiza, donde no se puede decir que el Estado sea francés, alemán o italiano, sino que cada una de las comunidades tiene igual peso y se siente "en casa" en la Confederación.
El modelo ideal es Suiza
En este sentido, la vía del Estado de las Autonomías es un primer paso en el reconocimiento de las identidades propias, aunque aún no se haya alcanzado la igualdad de trato. Y es normal, dado que las mentalidades centralistas llevan mucho tiempo en vigor, desde que los Borbones empezaron a reinar en España, a principios del XVIII.
Se trata de una hecho que es de esperar que tenga continuación de forma que se extienda la mentalidad que propicie un verdadero Estado, sin privilegios. "Es posible que el que hasta ahora ha sido privilegiado piense que va a perder mucho con el cambio, afirma el padre Obieta, pero en realidad sólo se tratará de que restituya lo que había adquirido indebidamente, por medio del expolio a los demás. No se trata de una pérdida general, sino, por el contrario, de una ganancia para todos en paz y estabilidad".
Suiza, es un modelo de los mas aceptables en un marco de confluencia de pueblos, pero decir que sea el modelo ideal, es ir muy lejos, pues no todas las situaciones son idénticas.
El modelo de coordinación e independencia que ofrecen los paises escandinavos entre ellos mismos: Noruegos, Daneses, Suecos, etc. es tan aceptable o más que el Suizo, teniendo en cuenta que el asentamiento y distribución en el territorio, es distinta.
Y solo entre ellos mismos, no en relación con los pueblos que han colonizado o dominado, como Fino-Lapones, Ainús, etc.-
PD.Si hay posibilidad leeremos el libro
del Padre Obieta.
Publicado por: Juan Rua | 07/07/2012 en 10:23 a.m.
"Estado de las Autonomías es un primer paso en el reconocimiento de las identidades propias"
Los nacionalistas como siempre vuestros royos de identidades colectivas.
Yo tengo mi identidad propia, al igual que los otros 50 millones de habitantes de España. Es precisamente los nacionalismos como el vasquismo quien pretende acabar con mi identidad, quien pretende que deje de ser individuo para constituirme en una parte de una masa.
Publicado por: republica bananera | 07/07/2012 en 12:05 p.m.
República bananera,
Ni el vasquismo ni ningún nacionalismo, te puede convertir en una masa, ya lo eres, una masa amorfa.-
Publicado por: Juan Rua | 07/07/2012 en 06:01 p.m.
Yo con los espanoles no comparto ni un bocadillo !.... Como para compartir una confederacion !
Publicado por: takolo3 | 07/08/2012 en 07:28 p.m.
Takolo3
Que así sea, Taloco, Que así sea.-
Publicado por: Juan Rua | 07/08/2012 en 10:57 p.m.
Quereis que Euskadi sea independiente de forma unilateral (Espana no pintaria nada en esa decision).
No tengo problema con eso. Ahora bien, si esa independencia llegar a suceder alguna vez, me gustaria que tanto yo (residente en la calle Aldamar 4-derecha), mi tio Paco (calle Urbieta 5-D), y mi hermano Juan (calle Lopez 5-4D) se nos concediera la independencia de manera unilaterial. Si Espana no pinta nada en vuestra decision, los arriba mencionados senores no queremos que una Euskadi independizada influya en la nuestra.
Autodeterminacion si, pero a todo el mundo por igual.
Publicado por: BARDULOHARTO | 12/08/2012 en 07:21 a.m.
que buen corazon el padre Obieta, que gran cristiano.
Publicado por: peregrino | 03/29/2013 en 06:39 p.m.