Llegó con mala suerte a la Prisión Central de Burgos el nuevo director D. Antonio Crejo en aquella Cuaresma del año 39.
Habíamos conseguido, digo habíamos conseguido y así fue, destituir y encarcelar al otro director, a JABONERO, por malversación de fondos. De ello se encargó José Mari Ortiz de Zarate (Petróleo), antiguo compañero de fatigas que valientemente denunció lo que ocurría cuando salió de la cárcel y fue nombrado nada menos que Inspector de Administraciones de Prisiones... se cargó a una partida de directores y administradores.
Pues bien, nos llegó el Sr. Crejo. Andaluz por toda su circunferencia. Calculo que tendría 1,65 de altura y 1,20 de cintura. Casi redondo. Altivo, su mirada era franca.
Los primeros días se dedicó a inspeccionar e interrogar sin tomar ninguna medida. Para su desgracia llegó el día de Jueves Santo, EL DÍA DEL AMOR.
Con gran pompa se organiza la misa. El orfeón canta. En la consagración, entre gran cantidad de incienso entonamos el "TAMTUM ERGO"...
El P. Bolinaga deposita la Sagrada Hostia en la custodia. Lentamente se vuelve:
-"Queridos todos" -comienza- Ahí tenéis a Cristo, el que fue crucificado para lavar nuestras culpas. Hoy, DÍA DEL AMOR, con más motivos que nunca debéis reflexionar sobre VUESTROS pecados, VUESTROS horrendos pecados. El, que fue todo amor, fue pisado por vosotros, escarnecido, sus templos quemados...
Empiezan a oírse toses. El director mira agresivamente hacia todos los lados.
-"Sí, sus templos fueron quemados, arrasados, las Sagradas Hostias pisoteadas, los cálices robados y tirados por todas partes...
Más toses, más nerviosismos.
-"Monjas violadas, obispos martirizados y fusilados... se crecía chillando.
Arrecia el murmullo, se ve la tragedia. Ya se convierte en pataleo.
-"¿Ves Jesús mío cómo responden a tu martirio, a tu sublime sacrificio?
Se grita: ¡Fuera! ¡Calle!,
A nuestro amantísimo P. Bolinaga, que echa fuego por los ojos y baba por la boca no se le ocurre más que esto:
-¡Jesús mío! ¿es que por ventura no se puede decir la verdad?-
-¡Qué canalla, que desgraciado es éste hombre! ¡La que ha organizado!
La tormenta está sobre nosotros y todo por culpa de esa persona vestida de sotana que ha aprovechado su impunidad y con un abuso de autoridad nos ha insultado, nos ha calumniado sin pizca de dignidad, de amor al prójimo, sin un átomo de caridad y precisamente hoy, hoy que debía habernos consolado, hoy que es el DÍA DEL AMOR.
Nuestra "brigada", unos 120 hombres somos los componentes del Orfeón. Durante lo ocurrido hemos estado junto al altar y frente al director y los oficiales de Prisiones. Por lo tanto hemos sido controlados y esperamos salvarnos de lo que sin duda va a venir.
Al no poder denunciar concretamos a los alborotados, a los "protestantes", se procede a "buscar y encontrar" como sea a los que figurarán en el sumario dando cuenta de que se han castigado a los culpables y restablecida la disciplina. ¡Mejor sería!
Encerrados en nuestra sala, mudos, expectantes, oímos el trajín de alrededor.
Voces, ayes, lamentos, latigazos. Allá en las celdas se está consumando una tragedia, se está desencadenando la tormenta promovida por la soberbia del Padre Bolinaga.
Han diezmado varias brigadas y separado a unos 50 y los están flagelando, aporreando, a vergazo limpio, implantando la disciplina que no dijo Cristo en este día.
Los guardianes y hasta el mismo director según nos cuentan luego los apaleados, con el zurriago en la mano castigan, doblegan, rompen costillas y brazos, desgarran espaldas desnudas.
Padre Bolinaga: ¡Cuando con tu sotana y tu fajín te encuentres delante de Ignacio y de Javier, veremos que cuenta das de la barbaridad que hiciste aquel día de Jueves Santo, cuando debías haber orado por nosotros, habernos consolado en nuestra enorme tragedia, en lugar de echar leña al fuego, producto sin duda del odio que nos tienes!.
Con qué cara te mirarán, con que fuero te juzgarán el azpeitiano y el navarro por aquella bestialidad que cometiste precisamente en EL DÍA DEL AMOR.
Ramón de Galarza
P. D. El P. Bolinaga S. J., cuando recibió los hábitos, prefirió lucir su apellido vasco que era el tercero, antes que los otros dos de sus padres que eran netamente castellanos.
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