José de Aguerre
Termino estas notas, donde he pasado por alto la ilustre figura de don Arturo Campión, por ser por demás conocida, dedicando las últimas líneas a recordar la señera figura de don José de Aguerre Santesteban que, con don Manuel de Irujo, más que precursor, podríamos considerarlo como mantenedor o seguidor de la doctrina sabiniana, aceptada y difundida por esa pléyade de figuras notables de Nabarra, maestros del patriotismo en toda la extensión de la palabra.
Desde muy joven oímos hablar de don José Aguerre, nacido en Iruña el 29 de diciembre de 1889 y fallecido en la misma ciudad el 19 de octubre de 1962, cuando caminando por sus calles fue víctima de un paro cardíaco.
Hombre de profunda fe religiosa, ingresó joven en el seminario, que después dejó, sin por ello dejar de ser un espíritu acendradamente cristiano. En su juventud vivió en Burdeos y Sevilla, aquí empleado en una armería.
Abrazó joven los ideales sabinianos, llegando a ser a comienzos de siglo en Nabarra uno de los más calificados abertzales y una de las mejores plumas al servicio de Euzkadi. Escribió en prosa y en verso, en erdera como en euskera, en buena parte de la prensa abertzales y la gran mayoría de las publicaciones euskérikas de una época: Napartarra, Euzkadi, Euskeroa, Amayur, El Día, Egan, Zeruko Argia, Euzko Gogoa, Olerti, Karmele y sobre todo en La Voz de Nabarra, del cual fue director. Entre sus poesías recordamos; "Aralarre'ko Jaun-Done Mikel'en Baselizan", "Done Agate" dedicada a la vida y muerte de la santa; otra como homenaje a Jabier Ciga, el destacado pintor nabarro, compañero, de cárcel del cual se conservan algunos cuadros en la propia Diputación Foral de Nabarra, etc.
Desde su fundación en 1918, fue miembro correspondiente de la "Academia de la Lengua Vasca", de "Euskeraren Adiskideak" -de la que fue presidente-, "Sociedad de Amigos del País", de Iruña, etc.; colaboró en ediciones de la "Institución Príncipe de Viana" y por años fue uno de los mejores narradores euskerikos -también en castellano- de las fiestas populares de su Nabarra -era un gran conocedor de nuestro acerbo folklórico-, así como jurado en concursos euskarikos y de bertsolaris. Prestigioso periodista y euskaldunberri, popularizó el seudónimo de GURBINDO.
Profesor de idiomas (amen del euskera, hablaba el castellano, alemán, francés, inglés e italiano, dominaba el latín y el griego y tenía amplios conocimientos del ruso), entusiasta abertzale, en 1934 fue electo presidente del Napar-Buru-Batzar y su delegado al E.B.B. Le tocó dirigir los destinos de la organización patriota en Nabarra en los días más aciagos de su historia contemporánea. Por ello conoció la cárcel, las vejaciones más incalificables y hasta llegó a ser condenado a muerte, salvando milagrosamente su vida por gestiones de familiares y amigos, adictos al bando adversario. Durante su encierro, no solo fueron incapaces de doblegar su fe en JEL, sino que con esa misma fe venció a sus enemigos.
José de Zabala, que en su momento recibió de don Arturo Campión todo su material de trabajo, puso un día esa herencia en manos de Aguerre, quien dedicó buena parte de sus últimos años, junto a la enseñanza del euskera en Iruña y su inquebrantable lucha por Euzkadi, a escribir la biografía del gran Campión, que según mis noticias, dejó inconclusa.
De sus últimos trabajos, escrito tres años antes de su deceso, conocemos la traducción al euskera del hermoso cuento nabarro "Josetxu gure ausoko demoniño txikia", un bello poema, lleno de lirismo y dulzura.
Este hombre reposado, ecuánime, "un humanista vasco de primera categoría y un hombre de exquisita bondad" en frase de don Manuel, fue para Carlos Clavería el mejor euskerólogo que nos quedaba en Nabarra. El propio Clavería, a raíz de su muerte, escribió para EL PENSAMIENTO DE NAVARRA: "Cristiano fervoroso, pertenecía a diversas asociaciones piadosas, y todas las obras buenas contaron siempre con su valiosa cooperación"... "Cuando en cierta ocasión tuvo que sufrir una delicada operación quirúrgica, los Hermanos de San Juan de Dios, se asombraron de verlo rezar diariamente el Oficio Divino". Sus últimas palabras, invocando a Dios, fueron en euskera, en su idioma del alma, por la que tanto trabajó. Con razón se dijo, que el día de su muerte, fue un día de luto para el euskera.
Estos hombres que hemos citado a lo largo de nuestras notas, y otros muchos, sin olvidar a don Fortunato de Aguirre, el alcalde mártir de Iruña, merecen el perenne recuerdo de la Patria, pues murieron brindando todo su saber y ser a Euzkadi a través de los ideales del Partido Nacionalista Vasco. Pero en el caso de Aguerre, sin concretar dos de sus aspiraciones, sin ver coronado el anhelo de toda su vida. Terminada la biografía de Campión, erigida una institución que velase por el Pregón de San Fermín. Y Nabarra en un todo unida, incorporada, a sus hermanas.
Cumplirlos será el mejor homenaje que podamos tributar a este abertzale ejemplar, continuador con otros, de la obra iniciada por los precursores del nacionalismo en Nabarra.
ASTILARRA
Comentarios