Vivíamos en Madrid por razones de salud de mi hermano José, y los veranos íbamos a Lekeitio. El verano del 36 estábamos como siempre en Lekeitio, y aunque yo era muy niña, y no me acuerdo bien de aquello, mis padres nos comentaron muchas veces como fue la sublevación.
Mi familia tenía entonces pasaporte norteamericano, por haber nacido aita en Filipinas que era entonces una colonia norteamericana. La familia tenía plantaciones de azúcar en la Isla de Negros, y al vivir allí mis abuelos, aita y mis tíos nacieron allí.
En el verano del 36 aita estaba fuera, no me acuerdo donde, y nos encontrábamos en Lekeitio con ama, mis hermanos Marín, José y yo. Al complicarse la situación en Euzkadi después del 18 de julio el cónsul Norteamericano avisó a todos los que tenían pasaporte de Estados Unidos, que sería conveniente salir del estado español. Nosotros salimos el 6 de Setiembre de 1936, embarcando en Las Arenas en el destroyer S.S. Kane. Tenemos una foto de aquella llegada a San Juan de Luz, que encontró un amigo hace poco, en una agencia de prensa, rumbo a San Juan de Luz, donde nos esperaba aita.
Salimos mi madre, María Ibargaray, mi hermano José y yo. Mi hermano mayor Marín se quedó en Euzkadi. Lo único que me acuerdo es que el barco se movía mucho, y que le llevábamos a mi padre unas peras de la huerta de Lekeitio.
En Lekeitio se quedó el gasolino "Abavon", que mi padre había puesto a disposición del Gobierno de Euzkadi, para sacar a los refugiados, y que luego apareció al garete en aguas francesas con varios cadáveres de gente de Lekeitio, que por lo visto habían muerto por emanaciones de gas de los motores.
Vivíamos en Biarritz, donde iban llegando poco a poco los refugiados que llegaban de Euzkadi, entre ellos numerosos Gamboas. Vivíamos en una casa grande, donde convivíamos unos 25 o 30 parientes. Mi padre, mientras tanto se ocupaba de asuntos del Gobierno de Euzkadi y trataba de ayudar a todos los que querían ir a América del Sur. Aita iba a menudo a Londres, y también a Barcelona, donde solía verle a su compañero del Colegio de Orduña, Don Manuel de Irujo.
Solía contar que en una de estas visitas, en pleno bombardeo, estaba con Dn. Manuel, cuando éste se puso a tocar el txistu por los pasillos.
En Londres se ocupaba de la naviera Mid-Atlantic Shipping Co., fundada por el Gobierno de Euzkadi.
Después fuimos a Paris a pasar los inviernos. Marín, mi hermano mayor que había salido ya, estaba en la universidad de Cambridge, y José y yo íbamos al colegio en París. Estando en París, el PNV, ya en el exilio, decidió comprar el edificio de la Ave. Marceau, que estuvo a nombre de aita y luego a nombre de una sociedad inmobiliaria francesa, denominada “Finances et Entreprises”.
El yate “Vita" se compró por orden del Gobierno de Euzkadi en colaboración con el Gobierno de la República. Estaba a nombre de mi padre y tenía bandera norteamericana. Me acuerdo como hicimos un viaje, toda la familia, esto sería en 1938 - 1939, antes de la guerra mundial. Llegamos hasta Holanda y Bélgica, teniendo que volver antes de lo previsto por la situación en Europa. La tripulación del "Vita" estaba formada en su mayoría por lekeitianos. El capitán era José Ordorika, el "Capi". Mis pocos recuerdos de aquella época son el piano de cola que había en el salón, y “Blanca Nieves y los 7 enanitos” que me regaló Juan Mari Aguirre, hermano del Lehendakari, en nuestra escala en Anberes.
Pero las cosas en Europa no iban bien. Hitler amenazaba y los demás callaban. Nosotros estábamos en Biarritz. Mi hermano Marín había ido a los Estados Unidos a acabar sus estudios. Por casa pasaba mucha gente. Amigos de mi padre, judíos polacos que huían de los nazis etc. Muchos de ellos intentaban cruzar la frontera pero al encontrarse ésta cerrada decidieron pasar a la zona ocupada de Vichy pues los alemanes habían ya invadido Francia. En vista de la situación propusieron a mis padres llevarnos a mi hermano José y a mí con ellos. Mis padres decidieron que pasase lo que pasase estaríamos los cuatro juntos.
El consulado norteamericano avisó a mi padre que tuviera cuidado pues teniendo en cuenta sus actividades contra el régimen de Franco y en favor del Gobierno de Euzkadi, era seguro que los alemanes lo entregarían como habían hecho con una serie de refugiados. Insistían que deberíamos salir de allí con la última expedición de norteamericanos. Lo malo era que ésta expedición debía embarcar en un barco de la Cruz Roja, pero desde Bilbao. Y Bilbao estaba ocupado por los franquistas desde el 19 de Junio de 1937. Argumentaban que entre 300 ó 400 pasaportes norteamericanos, el de Marino Gamboa pasaría desapercibido. Y así fue.
1940- Estábamos en Biarritz. Mi hermano Marín había ido a Estados Unidos a acabar sus estudios. Cruzamos el puente de Hendaya entre todos los norteamericanos. Le veo a aita rompiendo documentos comprometedores y tirándolos al Bidasoa, y yo con mi muñeca. Llegamos a Bilbao en autobuses, hospedándose la mayoría de los americanos en el Hotel Carlton. Mis padres, por temor a ser reconocidos, optaron por un hotel pequeño de Algorta. Nada más llegar, la dueña se dirigió a mi padre, "Sr. Gamboa, ¿como por aquí?". En vista de esto, mis padres llamaron a Blas Abando, íntimo amigo de aita, pidiendo ayuda. Blas Abando no dudó y a pesar del peligro que suponía, nos llevó a su casa. El barco se retrasaba por las minas que, por lo visto, había en la entrada del puerto de Bilbao. Total que estuvimos un mes escondidos en una habitación en casa de Abando. Solo mi madre salía al Consulado norteamericano en busca de noticias del barco. A José y a mí nos llevaban a jugar a Artxanda. Mi madre fue a visitarle a amama una sola vez para no levantar sospechas. Me acuerdo de la impresión que me causó, a nosotros que veníamos huyendo de los nazis, ver banderas alemanas en las calles de Bilbao, para celebrar la victoria nazi, y la caída de Francia.
Por fin salimos de Bilbao camino hacia Lisboa en un tren de noche. Embarcamos en el "Manhattan" que tenía unas grandes cruces rojas pintadas en sus costados y en cubierta. Íbamos todo el tiempo con los chalecos salvavidas puestos por temor a los ataques de los submarinos alemanes.
Llegamos a Nueva York, donde nos esperaban mi hermano Marín y Ramón Sota. Nos quedamos allí un tiempo, creo que con idea de seguir viaje a Filipinas, pero en Diciembre de 1941, Japón atacó Pearl Harbour y rápidamente conquistó todo el Pacifico. Filipinas cayó en manos japonesas y nos quedamos sin noticias y sin fondos. Nos instalamos en Nueva York organizando la vida de familia. Marín en la Universidad y José y yo en el colegio. Ama organizó una red de capitanes de barco casi todos de Gorliz, su pueblo y el mío, que se arreglaban para llevarnos dinero. Había mucha vida en la pequeña colonia, vasca de New York. La familia Inchausti en White Plains, Manu Sota, delegado vasco en Nueva York junto a Jon Bilbao, Antón Irala, Roberto Echevarría y su mujer, María Luisa Elizalde y sus hijos, filipinos como nosotros, Valentín Aguirre, Julia Aguirre y su familia, que también habían pensado ir a Manila. Más tarde llegaron el Lehendakari Aguirre con su familia y Jesús Galíndez. Este fue el entorno vasco del Lehendakari Aguirre tras su odisea, vía Berlín.
Los Aguirre, vinieron a vivir a la misma casa en la que vivíamos nosotros. La convivencia era intensa. Aintzane, hija del lehendakari, iba al mismo colegio que yo, y los veranos los pasábamos juntos en Hampton Bays, L.I. en dos casas vecinas. Me acuerdo como solían jugarse unas partidas de croquet terribles. El Lendakari José Antonio, aita, Manu Sota, José mi hermano, yo, en fin, todos los que estaban por allí. Los domingos íbamos todos a misa al pequeño pueblo y Mari Zabala, la mujer del Lehendakari, le daba $1.00 a José Antonio para el plato de la colecta.
Navidad era un día de unión. Solía haber un árbol de Navidad en nuestra casa y siempre había corbatas para los solteros que vivían en la Delegación Vasca, y para los que estaban de paso por New York. José Antonio, el Lehendakari, siempre tenía un paquete con un par de guantes, pues siempre perdía uno en sus viajes a la Universidad de Columbia donde trabajaba como profesor. Por casa pasaban todos los que venían a N.Y.C.: Prieto, Monzón, García Urtiaga, Cruz Marín, la familia Belausteguigoitia de México. Santiago Aznar, Ramón Aldasoro, y muchos más que no recuerdo. Las tertulias habituales estaban formadas por el Lehendakari, aita, Antón Irala, Manu Sota. El Lehendakari y Antón Irala eran muy aficionados al Benedictine, y las conversaciones que duraban largas horas acababan con la botella sin hacerles a ellos el menor efecto. Tenían aguante.
Indalecio Prieto vino varias veces a casa, y había una butaca a la que se le bautizó "la butaca de Prieto"; su hija Concha me hizo mi primer "kaiku".
En las noches de Navidad siempre había un brindis, "Gabon en Euzkadi". “La siguiente Navidad en Euzkadi”. Así fue pasando el tiempo; al grupo de la calle 86 se añadió un matrimonio australiano, Bill Ross-Smith y su mujer Scou. El marido creo era del British Intelligence Service. Estaban también Maurice Olivier, su mujer y varios refugiados franceses. Me acuerdo haberle oído a mi madre contar el éxito que tuvo José Antonio como orador en un acto organizado en ayuda de los refugiados. La gente se puso de pie aplaudiendo al Lehendakari. Hablaba mal el inglés, pero era tal su calor humano y simpatía que se hacía entender perfectamente.
Mi hermano Marín había ido a trabajar a Buenos Aires, y aita hacía frecuentes viajes a México por los negocios que había montado allí.
En el año 1944, seguíamos en New York, y Jose, mi hermano, al cumplir los 18 años se alistó como voluntario en el ejército norteamericano. Fue destinado a infantería y después de terminar su entrenamiento fue enviado a Europa. No tomó parte en el desembarco pero luchó en Bastogne, última ofensiva nazi, donde fue herido. El telegrama que enviaron a casa lo tenía enmarcado en su casa.
En enero de 1945, salíamos ama y yo hacia Buenos Aires para asistir a la boda de Marín con Jasone Gamboa, prima segunda que estaba, en Argentina con su familia, refugiados como tantos otros. Nuestro viaje fue largo. Salimos de New York, hacia La Habana, donde ama iba a ser madrina de boda de Jon Bilbao y Marta Saralegui. Estuvimos allí unos días, y seguimos viaje, pero el estado de guerra hacía que los militares y personas importantes tuviesen prioridad en los aviones y por lo tanto a nosotras nos desembarcaban de todas, todas. Así estuvimos diez días, en Panamá, una semana en Lima, donde la colonia vasca le mandó un ramo de flores a ama, algunos días sueltos en Chiclayo, Antofagasta, Córdoba, hasta que por fin llegamos a Buenos Aires, donde nos esperaban aita y Marín. Allí llegó el telegrama del Departamento de Guerra de los E.E.U.U. anunciando que José había sido gravemente herido en el frente Europeo. A los pocos días, y a través de Dn. Manuel de Irujo, supimos que estaba en un hospital de Londres, relativamente bien.
Nos quedamos en Buenos Aires hasta setiembre de 1945, y allí celebramos la victoria aliada. Yo iba al colegio norteamericano, y aunque más joven, era tolerada por los amigos de Marín y de mi cuñada Jasone. Así conocí a los Basterrechea, Cunchillos, Tellagorri, etc...
Volvimos ama y yo a N.Y.C. y nos volvimos a encontrar con los amigos de siempre. José fue desmovilizado en el año 1946, y en junio de ese año hicimos nuestro primer viaje a Europa después de la guerra. Embarcamos en el "Uruguay", un grupo bastante grande compuesto por la familia del Lehendakari, ama José, y yo. Aita estaba en Londres y se reuniría con nosotros en Paris, junto a Manu Sota, y Aurelio Arteche, que venía de Venezuela. El barco todavía funcionaba como transporte de tropas y nos colocaron en camarotes de ocho o diez personas. En el comedor nos encontramos con que nos habían colocado en una mesa grande, donde todos estábamos mirando al resto del comedor, Manu Sota la llamaba la mesa de los Apóstoles. La comida era norteamericana, "standard", para todos igual, hasta el día en que los cocineros, que resultó eran vascos, se enteraron que había un grupo de pasajeros vascos, con el Lehendakari al frente. Desde ese día nos preparaban siempre bacalao, y platos vascos.
Llegamos a Le Havre, puerto de Francia que estaba totalmente destruido. Esperaban al Lehendakari varias personas, entre ellas J.A. Durañona.
Aita llegó de Londres y pasamos el verano del 46 en Biarritz. José con su pasaporte norteamericano, (nosotros ya teníamos pasaportes filipinos), pudo venir a Bilbao y Lekeitio.
A nosotros nos fue denegada la entrada, por el entonces Cónsul de España en Bayona, Madrazo. José encontró la casa de Lekeitio prácticamente vacía, pues se habían llevado casi todos le muebles, los italianos que habían vivido allí, así como la Guardia Civil que tuvo su cuartel, y que nos dejó un cartel que todavía existe que dice "El honor es la principal divisa del cuerpo". -G.C.
Al terminar el verano del 46 nos fuimos a Paris, donde estuvimos hasta el mes de Noviembre volviendo luego a New York. En París veíamos con frecuencia a la familia Aguirre, que vivía entonces en un piso en la Ave. Foch. La Delegación seguía en la Avenida Marceau. Le vi a Ajuriaguerra por primera vez en una cena en casa del Lehendakari, a la cual fui con aita y ama. Estando en París en el hotel, solíamos ir a menudo a comer comida casera a la pensión de las hermanas Anglade, familia de Gernika, refugiados. Allí solíamos estar todos juntos en una mesa grande, y pasaba todo tipo de gente. A veces venía también Dn. Jesús M. de Leizaola
Volvimos a New York, y a la calle 86. En el piso donde había vivido José Antonio y su familia, vivieron María Luisa Elizalde con sus hijos. Yo estaba interna en Virginia, en Fairfax Hall Junio College, José en Cornell. Habían venido Marín y mi cuñada de la Argentina y vivíamos todos juntos. Seguimos yendo a Hampton Bays los veranos. Los Elizaldes habían alquilado una casa cerca, y la que antes tenía el Lehendakari y familia, ahora la alquilaban los Ross-Smiths. Se solía celebrar el día de San Ignacio, viniendo de N.Y.C., Dn. Valentín Aguirre, Jesús Galíndez, Oñatibia, y todos los vascos que estuvieran de paso por N.Y. Se tocaba el txistu y se cantaba, con la ikurriña ondeando al viento.
Jesús de Galíndez era uno de los que venía a casa a menudo. A veces nos contaba que recibía llamadas amenazándole, y que alguna vez le habían seguido. Es triste decir que no le creíamos y pensábamos que veía fantasmas. Cuando nos enteramos de su desaparición, estando ya en Biarritz, nos causó una sorpresa y una pena tremenda.
En 1948 volvimos ya definitivamente a Europa. Yo vine en barco, en el "De Grasse" con Tere y Antón Uriarte, Scou Ross-Smith y su hija Susan. Traía todos los baúles y maletas que contenían nuestras cosas de la estancia en U.S. A. y un coche. Llevábamos también una radio grabadora que nos había dado Antón Irala para el Gobierno de Euzkadi, con objeto de entregarla en la Ave. Marceau. Pudimos pasar el aparato gracias a que nos encontramos en Le Havre con un "douanier" de Hasparren, y quien hablando euskera nos facilitó los trámites.
Ama y José llegaron más tarde en avión y aita se reunió con nosotros en Biarritz .
Scou Ross-Smith pasó el verano en nuestra casa. Se dedicaba la fotografía, haciendo fotos maravillosas de todo el País Vasco, las palomeras de Etxalar etc... que solía mandar al National Geographic Magazine.
Nos instalamos en Biarritz, pasando algunos meses de invierno en París donde veíamos a menudo a la familia Aguirre. Y así poco a poco se fue organizando nuestra vida; pudimos venir de vez en cuando a Bilbao y a Lekeitio.
Fuimos después a Filipinas, donde estuvimos cerca de un año, en la Hacienda Euzkara y, en Manila, donde volvimos a encontrarnos con María Luisa Elizalde y su familia que se habían trasladado definitivamente de New York. En Manila conocí a la colonia vasca, casi toda integrada por gente que había ido a Filipinas antes del 36, pero que seguían sintiéndose vascos. Había algunos pelotaris. La gente estaba todavía traumatizada por los horrores de la ocupación japonesa que habían sufrido, y el país empezaba a levantarse de la ruina. Aita que había hecho varios intentos desde el final de la guerra, se había encontrado las haciendas quemadas, casas y campos, teniendo que empezar de cero.
Volvimos a Europa, con escalas en Hong Kong, Bangkok, Beyrouth, y ya volvimos a nuestra casa de Biarritz, viniendo a instalarnos en Bilbao al morir aita en México.
Que interesante - y esas fotos? ...por cierto, hay fotos de las reuniones en NYC?
Publicado por: José Aguayo | 03/21/2013 en 06:47 a.m.