La Esfera de los Libros edita el segundo volumen de las reveladoras memorias de su presidente Niceto Alcalá-Zamora, que recoge la caída de la monarquía
Aunque tuvieron sus choques y acabaron divergiendo, en el verano de 1931 Manuel Azaña le dijo a Niceto Alcalá-Zamora: “Para mí, usted es la República”. Por su parte, el historiador Stanley Payne sostiene que don Niceto era “la figura principal con la mayor experiencia y reputación entre los republicanos» en vísperas del 14 de abril. Y Juan Pablo Fusi recuerda que el hecho de que Alcalá-Zamora, que había sido ministro con Alfonso XIII, pidiera en abril de 1930 una República de orden fue un espaldarazo de respetabilidad para los republicanos.
Hoy, la II República está asociada esencialmente a la figura de Manuel Azaña. Pero Alcalá-Zamora fue su presidente durante la mayor parte de la vida del régimen (en opinión de Payne, fue su único presidente constitucional, ya que Azaña lo habría sido de una República revolucionaria). Figura esencial del periodo, el relativo olvido en que había quedado en los últimos años parece estar -felizmente- corrigiéndose. Yes que, como dijo Solón, uno de los padres de la democracia ateniense, y ha recordado la profesora Paloma García Picazo, “con el tiempo, a todas partes llega la reparación”.
El Congreso de los Diputados acaba de aprobar la colocación de un busto de Alcalá-Zamora en la Cámara Baja. Pero tanto o más importante es la publicación de sus diarios (robados en 1937 y recuperados hace unos años) que está realizando La Esfera de los Libros. Publicado a finales del año pasado el primer volumen (centrado en el primer cuatrimestre de 1936), del que se han vendido 40.000 ejemplares, acaba de salir el segundo, que recoge la caída de la monarquía y La victoria republicana (tal es su título). El tercero, en el que Alcalá-Zamora cuenta su experiencia como ministro de Alfonso XIII, aparecerá a finales de este año o comienzos del próximo.
Figura esencial en la recuperación y edición de los diarios es el historiador y nieto de don Niceto, José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, quien, en una reciente presentación de La victoria republicana, hizo un retrato del presidente de la República como alguien sencillo que no se sentía con derecho a privilegios por encima de sus conciudadanos, y bueno; de enorme cultura, gran simpatía, dotes de conversador y prodigiosa memoria, además de patriota, honrado y católico.
Payne, por su parte, enfatiza su honradez en asuntos económicos y financieros, y se refiere al “estilo barroco y rebuscado de don Niceto, tan comentado en su día”. Miguel Maura, que fuera correligionario suyo, corrobora lo anterior: “Era un hombre originalísimo y excepcional. En primer lugar, era bueno, de gran corazón y de una honradez y limpieza de conducta, en todos los órdenes de la vida, inigualables”. Su oratoria la define
Maura como “grandilocuente al estilo castelarino, pero con ribetes gongorinos”, capaz de dejar al “oyente de verdad atento, molido y para el arrastre”.
Sobre su memoria, dice que “no cabe en lo humano llegar a más” (“es usted un tío de circo”, llegó a decirle Indalecio Prieto con motivo de una de sus demostraciones mnemotécnicas). Y sobre su simpatía y gusto por colocar chistes y bromas en momentos serios, cuenta Maura que llegó a provocar el enfado de Azaña, que, en un Consejo de Ministros, llamó a un conserje y le pidió una guitarra para acompañar la juerga que estaba protagonizando don Niceto. Éste es el hombre que dejó un testimonio de primera mano de la llegada de la República, que ahora se publica por primera vez. Es decir, como ha recordado Juan Pablo Fusi, de la ruptura con Alfonso XIII, con el que fue ministro dos veces, pero al que, tras la experiencia primorriverista, veía incapaz de protagonizar la vuelta al constitucionalismo; de su citada adhesión a una República que él sólo concebía moderada y de orden; del Pacto de San Sebastián, el encarcelamiento de los promotores de la República y la insólita visita que los dirigentes monárquicos les hicieron en la cárcel; de las entusiastas elecciones del 12 abril de 1931 y la famosa entrevista, al día siguiente en casa de Gregorio Marañón, entre el propio Alcalá-Zamora y el monárquico conde de Romanones en la que se pacta el traspaso de poderes y la salida de España del Borbón.
Niceto Alcalá-Zamora o la República en primera persona.
Los republicanos aquellos, moderados o no, eran antitaurinos, como se supone debían ser según nos cuentan sus supuestos simpatizantss y defensores de hoy en día (que desde puego sí son antitaurinos)?
Hubo alguna ley o algún reglamento de entre la multitud de normas reformistas, moderniazadoras, europeizantes, desafrasnizantes y civilistas de la II República que se metiera con la tauromaquia, o es esto de los antitaurinos una moda de bobos de hoy en día?
Publicado por: Donatien Martinez-Labegerie | 08/04/2012 en 09:04 a.m.
El Biarritz Olimpique es el primer txapeldun de la Copa de Euskal Herria de Rugby disputada en Anoeta:
http://paperekoa.berria.info/kirola/2012-08-04/024/001/lehenengo_kopa_miarritzera.htm
Así. Ese es el camino.
Gora Euskal Herria libre !
Publicado por: Donatien Martinez-Labegerie | 08/04/2012 en 03:46 p.m.