Por: Antonio Elorza
Se cumple ahora el aniversario de la muerte de Elías Gallastegui, una de las figuras más destacadas en la historia del nacionalismo anterior a 1936. Con un poco de héroe romántico y un mucho de hereje le conocimos en sus últimos años y, lo mismo que otro viejo nacionalista desaparecido, Ildefonso Gurruchaga, puso todo su esfuerzo para que nuestro conocimiento del pasado del P.N. V. fuese lo más amplio posible. Sin pensar nunca en solicitar del investigador una declaración ideológica. A los ochenta años, Gallastegui conservaba la frescura de una pasión política sentida con plena sinceridad. Hablaba de sus intervenciones en la Juventud Vasca, de Pedro-Mari, de Manu Robles o de "Kizkitza" con la misma fuerza emotiva que debió caracterizarle en sus años jóvenes. Nunca faltaba una evocación casi filial de Luis de Arana-Goiri, ni un recuerdo cargado de orgullo respecto a las organizaciones que contribuyera a crear o impulsar en una tierra de la que se había exiliado en 1937 y a la que no debía regresar. En las páginas que siguen pretendemos dibujar los supuestos ideológicos de su actuación política.
Forzosamente quedará borrada una simpatía personal que conferiría al historiador un anacrónico papel de exhumador de tradiciones. Y tampoco pretende este bosquejo suplir una necesaria biografía. Nuestro objeto se reduce a trazar en torno a "Gudari" -tal fue el pseudónimo habitual de Gallastegui- los rasgos de una de las corrientes de mayor peso en la historia del nacionalismo vasco.
La biografía de Eli Gallastegui está por hacer. Recordaremos en todo caso los datos más conocidos, a partir de su nacimiento en Bilbao, el 20 de julio de 1892, profesor mercantil y euskeldunberri, él mismo evocaría en sus conversaciones con el autor de estas líneas como su primera forma de militancia fue el volver a enseñar ese euskera que acababa de recobrar. En el plano político, su trayectoria ascendente se vincula a la Juventud Vasca de Bilbao. Son los años dorados de la primera guerra mundial, cuando la burguesía bilbaína se enriquece y el partido nacionalista -la Comunión, ya liberada del germanófilo Luis Arana Goiri- hace su irrupción victoriosa en la política española. La hegemonía electoral en Vizcaya y su correlato económico, la alianza victoriosa con Cambó frente al impuesto sobre los beneficios de Santiago Alba, parecen anunciar una marcha hacia la autonomía, lograda mediante el apoyo del poderoso aliado que es el regionalismo catalán. También colabora a este optimismo creciente el auge que la guerra mundial confiere al "principio de las nacionalidades". Pero, a partir del viaje de Cambó a Bilbao, en 1917, muchos jóvenes, y entre ellos Gallastegui disidentes del nuevo rumbo que toma la Comunión. La fidelidad a Sabino parece esfumarse ante unas ex¬pectativas concretas que, para los jóvenes, equivaldrían a implantar una desviación regionalista o españolista. El legado del fundador sería la lucha por la independencia y, más cercano en el tiempo, este mismo proyecto cobra forma en el ejemplo de los "sinn-feiners" irlandeses, por cierto duramente censurados por el aliadófilo diario Euzkadi a causa de su levantamiento de la Pascua de 1916. Frente al conservadurismo de los dirigentes nacionalistas -con Eleizalde y "Kizkitza" en primer plano-, el independentismo irlandés se constituirá en el arquetipo de la lucha de liberación para los jóvenes.
Su órgano es el semanario Abefi, que evoca la publicación sabiniana que, tras la muerte del fundador, defiende la ortodoxia del partido contra los "euskalerríacos". Y la irritación crecerá con las derrotas de 1919, mientras las luchas sociales se agudizan -definiendo la confrontación violenta entre jóvenes nacionalistas y socialistas- y se inicia la crisis económica. Al frente de la Juventud Vasca bilbaína, con Manuel de Egileor, Gallastegui será el protagonista del proceso escisionista que, "en nombre de la pureza doctrinal" se lleva a cabo en 1920-21. La ocasión viene dada por una declaración contraria al separatismo del Napar-Buru-Batzar, que es apoyada por los teóricos oficiales Eleizalde y "Kizkitza" y que recibe el respaldo del Euzkadi-Buru-Batzar. Para Abefi se trata solo de intensificar los signos de un malestar que ya se ha evidencia¬do en la Asamblea de las Juventudes Vascas de Gazteiz, en diciembre de 1919, y que desde luego no acalla la elección de Gallastegui como vocal tesorero del Bizkai-Buru-Batzar, en marzo de 1920.
No obstante, por esta vez el E.B.B. logró contener el conflicto llevándolo a la Asamblea de Donostia, reunida en los días 23 y 24 de mayo, no sin antes inclinarse por las posiciones legalistas y antiseparatistas de Eleizalde. Pero al reproducir un año más tarde la polémica, embarcada cada vez más la Comunión en lo que sus jóvenes críticos calificaban de "evolución españolista", no cabía más que la ruptura.
Escisión
Es posible que fuera intencionado el artículo antiseparatista de "Kizkitza" que prende la llama, ante la inminencia de una nueva Asamblea de las Juventudes Vascas. El 8 de julio de 1921, el semanario Aberri quedaba al margen de la Comunión y quince días más tarde el E.B.B. decreta la expulsión de los directivos de la Juventud Vasca bilbaína, y entre ellos, lógicamente, de Gallastegui. La escisión era un hecho y pronto resurgirá de ella el Partido Nacionalista Vasco. En su seno Gallastegui protagoniza momentos críticos, como su impulsiva interrupción de la conferencia de Ramón de Sota en el Ateneo Nacionalista (noviembre de 1921), pero sobre todo tiene ocasión de desplegar plenamente su capacidad como organizador, animando el teatro vasco -las célebres repre¬sentaciones de Pedro-Mari, e impulsando la organización de la Federación de Mendigoixales y, del Emakume Abertzale-Batza que se forma en abril de 1922, cómo no, siguiendo modelos irlandeses. Para entonces Gallastegui, que asumiría el pseudónimo de "Gudari", ocupa ya un lugar casi mítico entre los luchadores intransigentes por el ideal nacionalista.
La fundación de Emakume Abertzale-Batza, merece recordarse, en la medida que ilustra la concepción del nacionalismo de Gallastegui, como actividad constante y como incorporación a la militancia de sectores marginados por la propaganda tradicional. El 10 de abril de 1922, pronuncia una disertación en Juventud Vasca el nacionalista irlandés Ambrose Martín O'Daly, invitado por Gallastegui como presidente. Habla de la incorporación de la mujer a la revolución en Irlanda, a través de su organización específica, el Cumman nan Ban. Aprovechándose de la impresión causada sobre el auditorio, Gallastegui propuso la formación allí mismo de una Organización Femenina Euzkadiana, logrando cincuenta inscripciones. Pocos días después se constituye el E.A.B., con una primera Junta que preside Karmele de Errazti. La joven organización será disuelta, lo mismo que la Juventud Vasca, el 23 de septiembre del siguiente año, para reaparecer, de nuevo desde el seno de la Juventud, en junio de 1931. Como anécdota, puede recordarse que Gallastegui no se conformó con impulsar la organización nacionalista de la mujer, llegando a compensar la insuficiente participación de escritores en los periódicos nacionalistas mediante la redacción de artículos -casi siempre exhortaciones al patriotismo- que firmaba con pseudónimos femeninos.
La triple Alianza, Marruecos y la cuestión social
Como vemos, el Partido Nacionalista Vasco que emerge de la escisión en 1921 no se limita a distinguirse de la Comunión en su mayor apego a la ortodoxia sabiniana. Ciertamente, este rasgo se mantendrá, incluso más allá de la reunificación de 1930, haciendo posible la adhesión del Euskeldun Batzokija de Luis Arana Goiri en agosto-noviembre de 1922. El antiguo presidente del partido formulará los "principios del nacionalismo vasco primitivo", ejerciendo de modo permanente su influencia sobre Gallastegui. También se acercará a los "aberrianos" el sucesor de Sabino en 1903, Ángel de Zabala-Ozámiz.
Más allá de este respeto al ideario sabiniano y al independentismo, es en los planteamientos relativos a las relaciones de clase y al Estado español donde el nuevo Partido Nacionalista significa un cambio radical. Al dejar de lado el oportunismo que prevaleciera en la Comunión, se busca en la alianza con otros grupos radicales de nacionalistas periféricos la compensación a la debilidad como grupo aislado. Tiene así lugar en 1923 la configuración de una Triple Alianza, adelanto del Galeuzca de los años treinta, en la cual el P.N.V., Acció Catalana de Maciá y el pequeño Partido Nazionalista Galego convergen. La intervención de Gallastegui, al lado de Maciá, en la ceremonia de homenaje a Casanova en Barcelona, el 11 de septiembre de 1923, al borde de la Dictadura, simboliza esa perspectiva que había de carecer de un desarrollo práctico.
En la misma línea, "Gudari" asume sin reserva alguna la denuncia del colonialismo español en África y, consecuentemente, la defensa del nacionalismo marroquí personificado por Abd-el Krim. Tanto por lo que en ello le va a una juventud vasca implicada en una guerra absurda, como por el respeto del derecho de las nacionalidades a la independencia. El nacionalismo vasco asume una postura anti-imperialista. "Gudari" advierte que, atendiendo exclusivamente a los intereses vascos, podría favorecerles el desgaste español "en la tierra libre y heroica del Riff". Pero ha de condenar la política marroquí ante todo, por la injusticia que acompaña a toda intervención colonialista. Sin olvidar la aludida implicación en la aventura de los jóvenes vascos. "Los moros -advierte en uno de sus artículos de "agitación contra la guerra"-, como cualquier pueblo de la tierra, tienen perfecto derecho a vivir en paz sobre su propio territorio. España -y las demás potencias europeas, pero no hablamos ahora de ellas- es la que comete un atropello inaguantable al pretender imponer allí su dominio. Así, pues, no puede haber deber patrio que obligue a los españoles a colaborar en una obra a todas luces injusta y odiosa".
Otro enfoque innovador de "Gudari" -y del periódico Aberri en general corresponde a las relaciones de clase. Esto no quiere decir que la fracción aberriana resulte más contemporizadora respecto al socialismo vizcaíno que la Comunión. Los años que siguen a la huelga de 1917 ven incrementarse la violencia entre jóvenes nacionalistas y socialistas, con un balance de heridos y muertos que pesará en los comportamientos aún en el primer bienio republicano. Ya en la condena de la huelga del 17 los editorialistas de Aberri expresaban una visión sumamente negativa de los hechos en tanto que "fracaso del salvajismo socialista", "el vandalismo desbordado", etc. Pero no olvidarán hacer una llamada a la clase patronal vasca que se reitera en 1919 con ocasión del Congreso de las Juventudes Nacionalistas de Gazteiz: "Debéis los ricos y los poderosos haceros cargo de las difíciles circunstancias porque atraviesan vuestros obreros y atender sus justas demandas, es más, anticiparos a que esas demandas se fundamenten y justifiquen". La concepción comunitaria de la nación que prevalece entre los miembros de la Federación de Juventudes Vascas, fomenta esta inclinación reformista que, tras el período de crisis 1920-22 deja paso a una abierta denuncia. Como paradigma, se esgrime el ideal pequeño burgués de la generalización de la propiedad frente a la concentración que presenta la economía vasca.
Relaciones armónicas
En el orden doctrinal, esta orientación queda recogida en los artículos de "Javier de Urroz", que frente a la opresión, del gran capital que suscita la explotación y frente al internacionalismo rojo, propone una sociedad vasca en que predominen las relaciones armónicas, con el labrador propietario del caserío y el trabajador al frente de su pequeño taller.
Al borde ya de la Dictadura, es la polvareda que sigue a la publicación por "Gudari" del artículo "Fiesta de sangre" la que acabará poniendo claro que el primer aniversario de los jóvenes na¬cionalistas es "el capitalismo vasco rojo y amarillo" antes que "el proletariado rojo español". El comentario surge tras el asalto de las fuerzas del orden a los trabajadores comunistas atrincherados de "Gudari" lleva fecha de 24 de agosto de 1923 y la violenta polémica con Euzkadi, como portavoz del nacionalismo burgués, se prolonga hasta el 5 de septiembre. Con unos acentos emocionales, que recuerdan los artículos redactados veinte años antes por Tomás Meabe, "Gudari" proclama la solidaridad de los jóvenes nacionalistas con los comunistas asaltados y atribuye la responsabilidad de los hechos al comportamiento -inmoral por su provocación con el lujo- de la burguesía bilbaína. Concluyendo: "Comunistas, Vuestros muertos han hecho brotar en nuestro pecho afectos firmísimos de respeto, de admiración, de viva simpatía".
Semejante toma de posición había de provocar una respuesta sumamente violenta por parte de la prensa conservadora. La Gaceta del Norte declaró firmemente que las fuerzas del orden "siempre, siempre, siempre" tienen razón. Pero fue sobre todo cierto "J. de E." en Euzkadi quien llamó la atención, no sólo acerca del contenido subversivo de "Fiesta de sangre", sino sobre su carácter anti-nacionalista al "empujar a nuestras masas obreras a simpatizar con elementos y procedimientos exóticos": el nacionalismo no admitía la división de clases en su seno. La réplica de "Gudari" consistió en argumentar que, en la medida que era una protesta contra la injusticia, el nacionalismo había de asumir la cuestión social, poniendo en claro la negatividad del comportamiento de la burguesía y de su aparato de poder: "Una clase social poderosa tiene la fortaleza de su situación, de sus infinitos medios de lucha y opresión; y además tiene siempre el apoyo decidido de la fuerza pública". Era un lenguaje al que estaban poco acostumbrados los lectores de "Kizkitza" en Euzkadi.
La Dictadura: persecuciones, boda y exilio La Dictadura trunca violentamente este desarrollo. Las primeras persecuciones se dirigen contra las organizaciones calificadas como separatistas y en el mismo mes de septiembre, tras un Decreto de represión del separatismo, los locales de la Juventud Vasca en Bilbao, lo mismo que los de Acció Catalana en Barcelona, son clausurados. Abefi sobrevive aún unas semanas, pero finalmente desaparece, sumiéndose el Partido Nacionalista en la ilegalidad mientras la Comunión -con su órgano Euzkadi siempre en la calle- opta por el letargo, suspendiendo la propia vida política. Bajo un lema que el nacionalismo conservador practicará más de una vez en lo sucesivo: "Gibel egiak ekatxari", dale la espalda a la tempestad.
Para la labor de "Gudari" como propagandista y organizador, la nueva situación apenas ofrece resquicios. Pensemos en que, siguiendo el ejemplo del Cumannan Ban irlandés, se había propuesto en 1922 dar vida a una organización femenina -el Emakume Abertzale Batza- y que asimismo habla asociado acción cultural y propaganda anti-belicista con las campañas de teatro nacional en que se representaba la adaptación a la escena del Pedro-Mari de Campión (sobre el soldado vasco que muere absurdamente en una guerra ajena a su nación). Tampoco sus artículos podrán seguir publicándose y solamente en 1933, y ahora como arma frente al posibilismo del nuevo P.N.V., verá la luz una selección de ellos en el volumen Por la libertad vasca.
La combatividad nacionalista de Gallastegui le creará en la nueva situación problemas crecientes, hasta forzarle al exilio. Es primero un banquete de homenaje en Artxanda, con ocasión de su boda que fue apadrinada por Luis de Arana Goiri. En el transcurso del acto un violento incidente con la policía le obliga a cruzar la frontera.
Regresa más tarde para trabajar en Zumárraga, estrechamente vigilado, y es nuevamente encarcelado por una reunión en Ordizia. Ante la perspectiva de un Consejo de guerra en que el fiscal solicita doce años, se exilia de nuevo, primero en Donibane (donde crea un Comité Pro-Independencia Vasca) reanudando los contactos con Marciá, y luego en México, llevando la administración de la hacienda de un vasco emigrado, Belaustegigoitia. En México edita su revista de propaganda nacionalista, Patria Vasca, que difunde gratuitamente, entre los vascos dispersos por el mundo. Su primer número va fechado en Torreón (México), en mayo de 1928 y el quinto es de abril de 1930. Aún habrá una sexta en¬trega, publicada en Bilbao, en enero de 1932. Regresa a Euskal-Herria en la primavera de 1931, cuando ya se han producido, la reunificación de comunionistas y aberrianos en el Partido Nacionalista Vasco. A pesar de encontrarse en la presidencia del P.N.V. su admirado Luis Arana Goiri, Gallastegui no se adapta del todo a la nueva situación. Reanuda los contactos con la Federación de Mendigoxales, que presidía en 1923 y vuelve a la militancia, siendo encarcelado tras un asalto policial a Juventud Vasca. Como recuerda el anónimo prologuista de Por la libertad vasca, interviene entonces en la primera huelga de hambre en la historia del nacionalismo vasco.
Berriak, 23 Febrero 1977
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