Por: Koldo San Sebastián
Una vez en Santander, las gestiones gubernamentales, van dirigidas a conseguir la evacuación, tanto de la población civil vasca como de los combatientes. En la evacuación por vía marítima, van a jugar un papel destacadísimo el delegado vasco en Londres, José Ignacio Lizaso, y Marino de Gamboa quien, a través de la “Mid-Atlantic” se iba a encargar de fletar los barcos.
Tanto desde la Delegación de Londres como desde Santander, se presiona intensamente al Gobierno de la República para que habilitase los fondos para fletar los barcos necesarios que pudieran mantener el ritmo de la evacuación. En este sentido, el papel de Manuel de Irujo es poco menos que fundamental.
“Muy urgente sitúen fondos Gamboa Londres para utilizar urgentísimamente tres buques ingleses encuéntranse en Santander. Indispensable extraordinaria urgencia dada angustiosa situación encuéntrase población civil Euzkadi. Trátase buques “Alice María”, “Backworth”, “Mac Gregor” esta time-charter y armadores reclaman mismas condiciones que otros buques que se dedican al transporte de refugiados”.
En la evacuación, José Antonio Aguirre trata de dar prioridad a los miles de heridos e inválidos de guerra que se hacinan en la capital cántabra. Al mismo tiempo se intensifican las gestiones ante la Cruz Roja Internacional para que intervenga en las operaciones de evacuación. Entre otras cosas se intenta conseguir la descongestión de los hospitales santanderinos. El 29 de junio Aguirre le comunica a Irujo que existen unos cinco mil heridos vascos sin hospitalizar. El 10 de julio, Leizaola enviaba a Irujo el siguiente telegrama:
“Rectifico información tuya advierto número de heridos vascos hospitalizados es de ocho mil”.
Mientras todo esto ocurre, se inicia una campaña para disolver el Ejército vasco. Asimismo, comienzan a correrse ru¬mores sobre los vascos: “Los vascos eran cobardes. Habían abandonado su territorio sin luchar”. La campaña culmina con la disolución de la V División de Beldarrain y con la destitución del coronel Irezabal y la disolución de la IV División.
Aguirre envía un telegrama de protesta a Prieto. Dice que las actuaciones anteriormente descritas tienen por finalidad “dar el mando a los comunistas quitando el mando a los vascos mediante intrigas de los rusos como sucede con el servicio de transmisiones y otros cargos (...). Los vascos no toleramos sugerencias de los rusos ni sus amigos, fracasados todos”.
Por su parte, Leizaola, que se ha trasladado a Valencia, sede del Gobierno de la República, presenta un informe en el que se proponen las resoluciones que dicho Gobierno debe poner en práctica inmediatamente (subrayado en el original). En uno de los puntos del documento se dice que “el enemigo hará inevitablemente todo lo que proponga de lo que queda de Euzkadi, Santander y Asturias” y, propone, por primera vez de forma oficial, el traslado del Ejército Vasco: “Lo lógico es en tal caso llevar las fuerzas a otro sitio donde nuestra actuación pudiera tener alguna eficacia (...). El Gobierno vasco por su parte ha creído que organizar esta evacuación es, en primer término, un deber de honor, puesto que habiendo obedecido a su llamamiento el sacrificio de vidas, de penalidades, etcétera, del pueblo vasco, si llegara el momento de la final dispersión, por quedar a merced del enemigo, su misión le impone el de atender primero a aquéllos que se han confiado a su custodia y entregado a sus directivas, quedando sus componentes para correr el último y extremo riesgo”.
También Leizaola denuncia las maniobras que, en Santander, se han desatado contra los vascos y, sobre todo, los asesinatos de refugiados.
El Gobierno de la República, asimismo, propone que el Gobierno se traslade a Valencia, donde sería instalado conforme a su jerarquía. En este sentido, Juan Negrín enviaba un telegrama a Aguirre donde, entre otras cosas, señala la necesidad de, “con toda firmeza la defensa del territorio del Norte”. Propone por otro lado, “la constitución de una Junta Delegada del Gobierno en el Norte con los gobernadores de Asturias y Santander y el presidente del Gobierno vasco o el delegado que éste designe”. Sin embargo, la única población que puede ser evacuada es la civil no-combatiente: “El Gobierno de la República tomará las medidas necesarias para realizar la evacuación de la población vasca no-combatiente y con preferencia a niños y mujeres así como los heridos del frente vasco que en la actualidad no tengan atención adecuada en los hospitales de Santander y Asturias, o que alejados... evacuación -para nuevas hospitalizaciones. Procuraré los medios necesarios para el cuidado en territorio leal de los refugiados que se evacúen”.
A mediados de julio, José Antonio Aguirre sale hacia Valencia, vía Francia. Pero, antes del despegue del avión, tiene lugar un incidente cuando un grupo de policías santanderinos intenta retener al presidente vasco. Aguirre resumía así su gestión ante el presidente de la República:
1.° Los vejámenes que sufríamos podían determinar de un momento a otro, o una acción violenta del Ejército vasco, o su entrega lisa y llana al enemigo, porque se preguntaban los soldados quién era su enemigo, si el que estaba en frente o el que estaba a sus espaldas.
2.° Era indispensable facilitar la evacuación de la población civil dictando las normas precisas y claras para ello, pues bajo el pretexto de polizones, que entraban en los barcos, comprendidos naturalmente en la edad militar, las restricciones venían a ser de tal naturaleza que se perjudicaba notablemente la causa de todos por la aglomeración existente en Santander y porque el espíritu de la gente emigrada con todas sus fatigas y sus hambres no era más que el propósito para sostener la moral necesaria de los combatientes.
3.° Santander caería en el primer ataque del enemigo, no durando, a mi juicio, más que ocho o diez días. Esto es rigurosamente exacto tal como fue pronunciado ante el señor presidente de la República.
4.° Que en consecuencia procedía evacuar rápidamente al Ejército vasco en primer lugar, trasladándolo a otro frente v. gr. el del Este, donde el contacto con Cataluña de posición espiritual distinta a la de Santander, haría de estos soldados, después de la experiencia guerrera adquirida, un elemento de reorganización excelente y se les dotaría de una finalidad que levantaría su espíritu cual era la de atacar a Jaca, camino de Navarra. Le expliqué al señor presidente de la República la necesidad de los recursos psicológicos en las guerras políticas, donde tan variados matices juegan y tan diversas tendencias buscan su finalidad, quiérase lo que se quiera y a pesar de los hombres de buena voluntad en unir fuerzas divergentes en grandes líneas de con-vergencia general.
5.° Inmediatamente había de evacuarse el Ejército de Santander y el de Asturias, formando con todas estas fuerzas puestas el línea el frente general de la República en la zona de Levante y Cataluña”.
Aguirre viaja, esta vez, de Valencia a Barcelona, y allí se entrevista con las autoridades catalanas donde, seguramente, se refirió a la propuesta que acababa de hacer al presidente republicano. De Barcelona a París donde se entrevista con el ministro francés de Asuntos Exteriores, Delbos. El ministro galo concede la autorización verbal para que los heridos vascos puedan ser evacuados a través de territorio francés al leal a la República.
Por lo que se refiere al Ejército, según un telegrama enviado ya desde Santander por el lehendakari Aguirre a Manuel de Irujo, el jefe del Ejército del Norte, general Gamir Ulibarri estaba de acuerdo con la operación. En el dicho telegrama, Aguirre, refiriéndose a las operaciones bélicas señala: “Esto está muy mal. Combaten tan sólo los vascos que son citados en órdenes generales, pero dejan su sangre en Santander. Los demás huyen o se entregan sacando bandera blanca. El avance enemigo es fuerte y puede copar en poco tiempo”.
La ofensiva contra Santander se había iniciado el día 14 de agosto. Según Hugh Thomas, “las líneas de bátala discurrirían por la cordillera cantábrica, cuyas cumbres más elevadas estaban en manos de la República. El campo de batalla era de una áspera belleza. Los republicanos se sentían desbordados por los bombardeos aéreos. El primer día de ataque se rompió la línea del frente por el sur. Las brigadas navarras se lanzaron en tromba hacia las primeras colinas de la cordillera cantábrica”.
El día 16, caía Reinosa con su fábrica de armamento. El frente oeste dejaba de existir el día 18 de agosto. Como dice Thomas, “el Ejército de Santander emprendió veloz retirada. Los vascos combatieron en la defensa de Santander con mayor energía que los santanderinos en Bilbao, pero aún así la resistencia se hizo imposible”.
El día 19 de agosto, Aguirre se entera, a través de Irujo, que el Gobierno republicano se opone únicamente al traslado de las tropas. Esta decisión gubernamental sería ratificada en diferentes ocasiones.
El 22 de agosto, se celebraba una reunión entre los dirigentes militares y políticos. Aguirre presidía la reunión:
“En esta ocasión el general Goriev habló poco. Llegaron órdenes desde Valencia de que se efectuara la retirada hacia Asturias. Pero al día siguiente las fuerzas armadas vascas iniciaron la retirada por su cuenta en dirección a Santoña”.
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