De esa cantera de pelotazales que resultó ser Marquina, salieron a principio de siglo un buen delantero y un no menos buen zaguero, pero dedicados al ministerio sacerdotal.

El delantero, don Alberto, canónigo ya en los 30, experto en los debates cristianos-sociales, como aquel duelo con los anarquistas en la Escuela de Declamación Vasca de Donosti. Después fue uno de los responsables de aquella posición marginal del clero vasco, a una con el obispo de Vitoria, respecto a la Iglesia española, por lo que tuvo que soportar, aquel calvario de la “Cruzada” franquista, al oponerse el franco-fascismo con bendición del Episcopado español -(“Un cardenal español y los católicos vascos, 1937”). Incluso en Londres tuvo di¬ficultades para celebrar la santa misa, sufriendo espiritualmente tanto que aquellos 200 sacerdotes vascos encarcelados en la prisión de Carmona, por orden de aquel que se decía: “Caudillo por la gracia de Dios”. El clero vasco a pesar de aquel contubernio vergonzante se mantuvo fiel a la doctrina de Cristo, y con él la mayoría del pueblo vasco y su partido político mayoritario. Luego fueron sus tiempos de Padre Olaso, cuando a través de las ondas hacía llegar a los súbditos del imperio, franquista, además de la doctrina cristiana los derechos de la dignidad humana. Es decir, todo eso que el Concilio vino después a santificarlo pero nunca se aprecia como se debe a los pioneros, ni tampoco los alocuciones del Santo Padre sobre la Iglesia del silencio tienen recuerdos retroactivos, ni siquiera con la decena de sacerdotes vascos ejecutados “manu militari” por defender tales derechos individuales y colectivos.
Don Txomin, su hermano, incluso por su contextura física y forma de ser estaba predestinado a ser ese erriko apaiza jatorra que suelen ser la conciencia en numerosos pueblos. Presididos por el obispo de la diócesis de Bayona, se les rindió ho¬menaje en la iglesia de Donibane abarrotada de fieles y Mr. Vincent fue haciendo historia de los 43 años de servicios sacerdotales que dispensó en ese Donibane de tanta raigambre, en el que nunca se han sentido diferencias entre vascos de diferente procedencia, e incluso de ideología y que don Txomin satisfizo por su gran tacto y entusiasmo.
Nada, carguémonos a la iglesia diocesana vasca, como a los toros, que es una antigualla y es de Franco.
Comamos kebab, sigamos la liga de fúrbol profesional del Qatar y el Real y abarrotemos los conciertos de Fito y Españolpaldis. Hagamos país.
Publicado por: Donatien Martinez-Labegerie | 09/19/2012 en 08:50 a.m.