Por: Patxi Lanceros
Cualquier europeo nacido en la primera década del siglo XX ha sido observador de procesos sociales y políticos de indudable trascendencia; ha sido testigo de un período de la Historia que no se deja pintar en tonos grises, que ha exigido decisiones radicales y exhibido comportamientos extremistas. Dos guerras mundiales y totalitarismos de distinto signo y carácter; deportaciones en masa y crímenes colectivos hasta el momento inimaginables; campos de concentración, campos de exterminio.
Norberto Bobbio nació en la primera década de ese siglo que ha escrito su página de terror y ha dejado su rastro de rencor. Vio la luz en Turín, el 18 de octubre de 1909. En esa época, el mundo era algo diferente. Y la pequeña Europa tampoco respondía a la actual distribución política. Desde Turín, desde ese enclave privilegiado en el norte de Italia, en el norte del sur, Norberto Bobbio contempló -y acompañó- continuidades y rupturas, crisis, revoluciones. Si de niño pudo escuchar el estruendo de la I Guerra Mundial la Segunda le encontró, ya adulto, dispuesto tanto para la acción como para la reflexión. Y era ya un hombre formado: se había graduado en Filosofía y Derecho, dos disciplinas a las que se ha dedicado con toda la entrega que exige la vocación y con todo el rigor que permite la profesión.
El fascismo italiano, esa convulsión del orden político que prometió el cielo y regaló el infierno, fue la ocasión para que Bobbio se entrenara en el compromiso y se estrenara en la militancia. Compromiso antifascista no exento de sombras. Una, sin duda importante, fue su estancia en prisión. Otra, más duradera, más humillante -según sus propias palabras- fue la falta de resistencia, el desvanecimiento del arrojo en el momento de la necesidad: incluso dirigió una carta a Mussolini en la que confesaba su devoción total a la causa fascista. Ese seísmo del ánimo que puede pesar sobre toda una vida requiere ser interpretado como un desmayo personal, no como una traición ideológica. Decididamente hostil a los fanatismos (“detesto a los fanáticos con toda mi alma”), Norberto Bobbio estuvo adscrito a un social-liberalismo de nítidos perfiles democráticos, de raigambre ilustrada, comprometido con la defensa de los derechos del individuo y preocupado por la justicia social.
Su labor investigadora ha dejado miles de documentos: libros, artículos, cursos, entrevistas. Su labor docente, fiel a su Turín natal, expresa su doble y única vocación: el Derecho y la política, siempre con la Filosofía como punto de partida y acaso como punto de llegada. Tras la II Guerra Mundial, y hasta 1972, imparte Filosofía del Derecho; desde ese año se ocupa de la cátedra de Filosofía política en la Facultad de Políticas de la Universidad turinesa.
La vocación política -que nunca abandonó al filósofo italiano- ha hecho de Bobbio un interlocutor habitual, no sólo en debates científicos o teóricos. La sociedad italiana, la sociedad internacional, han tenido en él un observador informado y un crítico eficaz. Desde 1984 ostentaba el cargo de senador vitalicio en Italia.
Sin duda, la fama de Bobbio se sustenta en su magisterio. Pero tal magisterio no ha sido sólo ejercido desde la cátedra; lo cual equivale a decir que no ha quedado reducido al magro número de estudiantes que siguen un curso. El magisterio de Bobbio se concentra, fundamentalmente, en sus publicaciones, en una labor de investigación y difusión perseverante, continuada y tenaz.
No es Norberto Bobbio un filósofo radicalmente original, un creador de sistemas, teorías o conceptos. Es, por el contrario, un buen conocedor de las tradiciones políticas y jurídicas, que ha condensado y ha expuesto con rigor didáctico, no exento de brillantez. Algunos autores de esas largas tradiciones han concentrado sus esfuerzos. Dos de ellos, Thomas Hobbes y Hans Kelsen, se destacan por su protagonismo en la obra de Bobbio. Protagonismo cuantitativo y cualitativo. En cuanto al primero -al protagonismo cuantitativo-, muchos son los estudios que el filósofo italiano ha dedicado al pensamiento de Hobbes (basten como muestra los textos Thomas Hobbes o Estudios de historia de la filosofía: de Hobbes a Gramsci); también son numerosos los dedicados a Kelsen (Diritto e potere: Saggi su Kelseri), que dejan per¬ceptible huella en propuestas sistemáticas como El positivismo jurídico. En cuanto al segundo -el protagonismo cualitativo- baste decir que la definición de democracia defendida por Bobbio, “Un conjunto de reglas que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos”, es una definición que no esconde su familiaridad con el procedimentalismo kelseniano. El axioma de que la política ha de estar regulada por el derecho también se expone, se funda¬menta y se desarrolla siguiendo la inspiración de Kelsen. Buena parte del “realismo político” de Bobbio deriva de la atenta lectura y rigurosa comprensión de la obra del pensador inglés. Un episodio biográfico tal vez sea importante en este contexto. La temprana atención de Bobbio a la filosofía de Hobbes y a la tradición de pensamiento que con él se inicia -y que es una de las grandes tradiciones politológicas de la modernidad-puso al filósofo en relación con Cari Schmitt, con el jurista y pensador acusado de ciertas connivencias con el nazismo y que era admirador de Hobbes y adversario de Kelsen. La relación se mantuvo, de forma epistolar hasta principios de la década de los ochenta del pasado siglo.
Es necesario citar, entre sus obras, la que tal vez sea menos original, pero, a la vez, más útil y conocida: el Diccionario de política, que Bobbio dirigió con Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino. Y, naturalmente, los ensayos que en la década de los 90, devolvieron al pensador italiano al primer plano del debate intelectual y mostraron la insistencia de sus motivos y preocupaciones; ensayos que no asumen tanto la forma de la investigación histórica como la de estudio y propuesta en torno a conceptos fundamentales de la teoría y práctica política y jurídica: El tiempo de los derechos, El problema de la guerra y las vías de la paz, Igualdad y libertad, Derecha e izquierda. Numerosos textos que analizan el presente usando referencias del pasado y orientados por una “obligación de futuro”: El futuro de la democracia.
Junto a esa incesante producción teórica, la atención de Bobbio se dirige también a los procesos políticos concretos: acumulación de capitales, incremento de los fundamentalismos, radicalización de los nacionalismos, postergación u olvido de los derechos humanos. O entabla polémicas con instituciones y actores que aspiran a imponer sus criterios en el ámbito de lo político: sean partidos o sindicatos, gobiernos o corporaciones multinacionales, grupos de información y comunicación o iglesias.
Muchas de las posiciones, políticas o teóricas, de Norberto Bobbio son, sin duda, discutibles. Lo cual quiere decir únicamente que han de ser discutidas, que han de ser tenidas en cuenta, sopesadas y debatidas. Eso es lo que convierte a Bobbio en uno de los personajes del siglo.
Los últimos tiempos no le recluyeron en un silencio resignado o cómplice. Si su autobiografía es la exposición de fragmentos de vida privada de un personaje público, De Senectute, con título tan clásico, tan latino, tan estoico, es la meditación de la vejez desde la vejez. Más de noventa años de esfuerzos en un mundo a menudo hostil y siempre problemático justifican esa mirada, esa sosegada y, sin embargo, tensa meditación.
Norberto Bobbio, filósofo, nació el 18 de octubre de 1909 en Turín, ciudad en la que murió el 9 de enero de 2004.
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