Aunque a él no le gustaba ese término, Antón de Zugadi fue considerado como uno de los “históricos” del Partido Nacionalista Vasco. Para avalar ese calificativo están los hechos, las obras y el trabajo de casi 30 años como representante, delegado o, simplemente, observador del Gobierno vasco en el exilio, por países tan distintos como Egipto, Guatemala, Méjico, París, Londres y Roma.
Viajero incansable, se afincó por fin en la ciudad azteca, donde fundó con otro socio una empresa que, en 1984, le ligaba al otro lado del Atlántico.
Todo empezó aquel año de 1945 cuando, detenido por la Policía de Franco, fue conducido a la estación de ferrocarril del Norte para ponerle a disposición del entonces coronel Eymar. “En la plaza Nueva –dice- fui liberado por un comando de cuatro compatriotas de la resistencia vasca. Los policías, al verse atacados y para defenderse, dejaron caer los portafolios y documentos que se estimaban pruebas de mi actuación dentro de la resistencia vasca”.
Aquel portafolios fue recogido por Antón y pudo llegar hasta la sede del Gobierno vasco en el exilio, en París, “donde me entrevisté con el lehendakari, José Antonio Aguirre, por espacio de tres horas”, añade.
De la capital del Sena fue enviado a Londres “para que armara un poco de lío con esto de la fuga” y se puso en contacto con Francis Noel-Baker, miembro laborista del Parlamento inglés, autor de “Spanish Summary”. “Este hombre –explica- ya había estado con Juan de Ajuriaguerra en un viaje clandestino que hizo por Cataluña y Euzkadi. Quedó muy impresionado porque en el trayecto Bilbao-San Sebastián para cruzar nuevamente la frontera, cada 30 kilómetros del recorrido se encontraban de 50 a 100 gudaris en formación. Al aparecer nuestro coche, se cuadraban y saludaban militarmente. Le brillan los ojos al retroceder en el tiempo y volver a vivir aquel instante.
En Egipto: Objetivo cumplido
Este incansable luchador, ha sido, junto con otros, un embajador de nuestra tierra en el mundo. A él se le destinó, después de unos meses como agregado en la delegación del Gobierno vasco en París, a Egipto, esta vez como delegado. “Mis funciones consistían –contaba- en contactar con el interior de Euzkadi, los partidos políticos y el Gobierno en el exterior, a través de los Servicios Especiales. Las informaciones interesaban extraordinariamente a todas las fuerzas políticas que luchaban contra el franquismo”.
“En Egipto –continúa- mi misión era la de relacionarme, de una manera estrecha, con los dirigentes del Comité de Liberación del Norte de África durante los años 47 al 49”.
Y he aquí a un vasco que tiene que aprender árabe y que consigue un éxito total en su objetivo. Conoce a personalidades tan relevantes como “al emir Abd-el-Krim, que había luchado contra Francia y España en las guerras del Rif y Marruecos. Además traté a Sidi Allal-el-Fassi; Habbid Burguiba, que fue presidente de Túnez; Abdel-Selam-Bennani y al rey de Egipto, Faruk”, memorizó Antón.
Durante un año Zugadi está de puente entre Roma y París. Su misión en el Vaticano es tratar de explicar a un sector importante del clero, fundamentalmente el toledano, las razones políticas, religiosas y nacionales que motivaban la lucha contra el franquismo. “Estuve un mes en Roma apoyado por los sacerdotes vascos –cuenta- pero se me cerraban muchas puertas porque Franco utilizaba una persecución y la desacreditación en contra, muy fuertes. Aparte de los motivos políticos, porque nuestro partido se ha caracterizado y definido siempre por su catolicidad y esto Franco no lo soportaba”.
Cruza el Atlántico en 1950, y se instala como delegado en Guatemala. Al poco de llegar, un golpe “manu militari” propulsado por el coronel Castillo Armas llega al poder y declara a Antón Zugadi “persona non grata”. Sin embargo, éste prolonga su estancia “con el fin de obtener asilo de los refugiados vascos y españoles en la Embajada de Méjico”.
Se persona en la antigua ciudad azteca y asume el cargo que deja su colega, José Luis Irisarri.
La imagen del vasco, distorsionada
A pesar de haber pasado la muga varias veces de manera clandestina, fue indescriptible el regreso. “Sentí una emoción increíble –afirma-. Volver a la patria de la que te han sacado a patadas, perseguido, y darte cuenta de que en esa patria están nuestros ideales, que hay un Gobierno vasco, unas entidades vascas... impresionante”.
Sin embargo, la imagen del vasco le pareció haber cambiado desde aquella lejana época en que salió de su tierra. “Antes del estallido de la violencia –argumentó- los vascos hemos gozado de un gran prestigio como gente trabajadora, honesta y responsable”. Actualmente y por influencia de sectores sumamente interesados en desprestigiarnos, no cabe duda de que, en un tanto por ciento, para mi gusto muy elevado, nuestra imagen ha perdido una parte de las virtudes que, tradicionalmente, se nos han atribuido”. Y si no, ahí ha quedado, y muchos testigos que han vivido fuera de Euzkadi lo confirman, el hecho de que la palabra de un vasco fuera sagrada. Zugadi cuenta como en Cuba “dos isleños estaban tomando unas copas en un bar y se encontraron sin dinero, el dueño del establecimiento les quería cobrar, entonces uno de los cubanos le dijo: palabra de vizcaíno que te pagamos mañana”.
“Bueno –prosigue- hay que tener en cuenta que el emplear el término vizcaíno englobaba a todo lo vasco, era lo mismo”.
Unidos, conseguiremos nuestros objetivos
Con respecto al proceso político que en aquellos momentos existía en Euzkadi, Antón de Zugadi era optimista y está muy esperanzado. “Debo decir –opina- que dentro del proceso de reconstrucción nacional que estamos viviendo hay problemas, nosotros los tuvimos y grandes. Los que actualmente dirigen la vida política también sufren las incomprensiones y dificultades procedentes del centralismo estatalista de Madrid y, los que vengan, tampoco tendrán un camino de rosas. Y si hablo de los líderes, ni qué decir tiene la desesperanza en la que a veces cae nuestra gente. Sabemos que el Estatuto es de mínimos y me satisface que la juventud actual sea consciente de ello y piense como nosotros antaño, porque sabe de las limitaciones tremendas que encuentran en Madrid”.
“Por ello –agrega- si seguimos presionando juntos y votamos en bloque en favor de lo que nos pertenece, conseguiremos cualquier cosa que nos propongamos. Estoy esperanzado y tengo una gran con¬fianza en el futuro”.
Antón de Zugadi volvió a cruzar el Atlántico, camino de Méjico, donde asuntos pendientes todavía le retenían fuera de su tierra. Sin embargo, no estaba desconectado de Euzkadi y de lo vasco, porque presidía la Euskal Etxea en aquella ciudad, cuya finalidad era reunir, aunque sea de vez en cuando, a todos los vascos que por una u otra razón viven allí.
Texto: Ana Baiges
Fotos: Imanol
EUZKADI N.° 123 - 3 FEBRERO 1984
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