Un afiliado me pasó este artículo que aparece en la revista Der Spiegel de 3 de Septiembre, pidiéndome que lo tradujera. Se trata del nuevo libro de una vieja gloria del CSU en favor de la independencia. El artículo como se ve está escrito con la misma mala saña que si hubiera sido hecho en la caverna de Madrid, y utilizando muy similares argumentos. El autor del libro por otra parte, nada más y nada menos que está encantando con la vía escocesa y sus logros hasta el momento, con lo que da mucho que pensar cuando por estos lares se decía tantas veces que queríamos ser como Baviera.
INSENSIBLE Y VACIO
Wilfried Scharnagl, amigo de Strauss y veterano icono de la CSU, reclama en Berlín la creación de un estado bávaro independiente.
El día en que sea proclamada en Berlín la independencia de Baviera será histórico. Es el día sobre el que guardan silencio Horst Seehofer, Markus Söder y Alexander Dobrindt . Cada uno de ellos. Desde hace semanas los tres del CSU inventan nuevas ofensas, unas veces que si la UE, otra que si los griegos, otras que si los sinvergüenzas del resto de la República, a los que en Baviera se denomina “länder receptores”. Es casi mediodía y como siempre ningún ataque sobre Munich a la vista.
En este histórico jueves también se encuentra en Berlín un hombre con un libro en el atril para sacar por fin conclusiones de todo esto, lo que pone a Seehofer, Söder y Dobrindt muy nerviosos y enfadados. Wilfried Scharnagl, quien ha sido durante 24 años redactor jefe del Bayernkurier reclama la fundación de un estado independiente. “Baviera no tiene el lugar, el rango, el papel que por su historia, tamaño y población merecería”, dice.
A diferencia de ciertos representantes de la actual CSU, Scharnagl, de 73 años, está provisto de estilo y modales. El pañuelo en la solapa, el alfiler exactamente colocado en la mitad de su corbata. Habla con voz amigable, cálida, sin insultos. A uno le hubiera gustado tenerlo como abuelo.
Cuando Baviera era todavía un “Land receptor”, en los ochenta, Scharnagl se sentaba a la diestra de Franz Josef Strauss, y hasta hoy se le considera como su representante en la tierra. “Scharnagl escribe lo que Strauss piensa”, dijo Strauss en una ocasión sobre él. “Y Strauss piensa lo que Scharnagl escribe”.
Su libro se titula “Baviera también puede sola”. La portada muestra una barrera blanquiazul con el escudo del estado libre. La barrera se está cerrando.
“Los mapas no son eternos”, dice Scharnagl. “¿Quién habría imaginado hace 25 años que pronto habría una Letonia libre, una Estonia libre, una Lituania libre?” ¿Si Letonia consiguió liberarse del yugo soviético, por qué Baviera no debería librarse de la Federación Alemana o Europa?
Scharnagl ha investigado, recopiló soluciones, investigó los movimientos independentistas en Bélgica, el País Vasco, o Sudtirol. Simpatiza particularmente con la vía escocesa, la “gran tenacidad de los escoceses”, con la que esforzadamente consiguieron su extensa autonomía. La cosa podría ir de parecida manera.
La idea de Scharnagl no carece de encanto. Implica oportunidades para todos los implicados. Naturalmente que tiene sus ventajas, si en el futuro el FC Bayern tuviera que jugar el campeonato bávaro contra el Wacker Burghausen o contra Würzburger Kickers , su bestia negra, el Dortmund, estaría fuera de la liga con lo que los títulos probablemente volverían a llegar. Y el resto de Alemania tendría que tomarse las ocurrencias de Seehofer, Dobrindt y Söder aún menos en serio. Eso haría más fácil el gobernar. Claro que la solución parece demasiado obvia, demasiado cómoda.
“Como siempre una mirada a la historia sirve de ayuda”, dice Scharnagl junto a la puerta de Brandenburgo. Y entonces se hace evidente por qué uno debe agradecerle (haber escrito) este libro, por qué a pesar de la aparente seguridad de su título es un grito de ayuda y una aportación al entendimiento entre los pueblos. De pronto, uno comprende, incluso como hombre del norte, por qué los ciudadanos de Baviera se comportan a veces de manera un poco extraña.
Quien escucha a Scharnagl se entera de un país que, a pesar de (tener) prados tan frondosos y exuberantes como su producto interno bruto no está todavía en paz consigo mismo. (Un país que) parece sufrir un trauma profundo. Scharnagl se remonta muy atrás en la historia alemana, donde duele, al 21 de enero de 1871.
Ese día, cuando la Cámara de Diputados Bávara votó sobre el Tratado de Versalles , o sea, “sobre el ser o no ser de Baviera”. Puesto que una mayoría votó a favor de formar parte del Imperio, devino finalmente en jornada calamitosa para Baviera. Scharnagl cita a su compañero de fatigas, el Príncipe Otto de Baviera, quien asistió a la proclamación del imperio: “qué melancólica impresión me hizo ver a nuestra Baviera allí inclinada ante el emperador ... mi corazón quería estallar. Todo tan frío, tan arrogante, tan lustroso, tan ostentoso y jactancioso e insensible y vacío.”
141 años más tarde esa tristeza parece no haber sido superada. Si uno hiciera caso a Scharnagl, hoy Baviera ha de experimentar las consecuencias recibidas directamente de 1871. Porque hay miles de millones que deben dirigirse a otros Länder como Nord Renania-Westfalia, Mecklenburgo-Pormerania o Berlin, cuyos ciudadanos pasan los días (tumbados) en la hamaca como es bien sabido, en vez de, como en Baviera, trabajando. Desde que hay Euro, tienen incluso que alimentar a los aún más perezosos griegos, españoles e italianos. Hasta el momento éste es el punto de vista sureño.
Quizá es el momento de hacer una reevaluación del pasado. Los traumas no resueltos son perjudiciales, a menudo conducen a problemas de comportamiento, rara vez terminan bien. En este contexto se entienden las declaraciones de Dobrindt y Söder. Y aparecen bajo una luz más benévola.
La compasión, sin embargo, nunca fue una ayuda. Como con todas las malas decisiones, en el caso de Baviera hay dos posibilidades, con las que hay que enfrentarse. Uno puede tratar de deshacer lo hecho, esta sería la vía Scharnagl, lo que rara vez se consigue. O uno elige la alternativa: Acepta su destino, mira hacia el futuro, y deja de gimotear.
Hasta la tarde de este día todo estaba tranquilo en Munich. Un comienzo, quizás.
Markus Feldenkirchen
Trad. Aitor Esteban
Iñaki,
Ese artículo yo no lo leí, pero sí uno anterior en Die Welt, a mediados de agosto, una entrevista en la que el retirado Scharnagl daba cuenta de su libro en una entrevista mucho más completa (eso sí, en ella no recuerdo mencionara a Euskal Herria):
http://www.welt.de/regionales/muenchen/article108663725/CSU-Separatist-Das-Undenkbare-denkbar-machen.html
A mí me recuerda Scharnagl al Dr. Snuggles. Lo recuerdas? Mírale en este video, pesnando en el jarrín de su casa sobre la restauración del Reino de Baviera. Quién sería Sissi? Su bisnieta? JE, JE, JE.
http://www.youtube.com/watch?v=tS4w7wquwKM&feature=youtube_gdata_player
El Dr. Snuggles me pilló no siendo ya ningún niño, pero me parecían increíblemente buenos dibujos animados para niños pequeños.
Baviera independiente, qué tontería. Dibujos animados del PNV para los niños pequeños aue a parecer cree que somos.
Publicado por: Donatien Martinez-Labegerie | 10/05/2012 en 09:46 a.m.