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Sony

Este artículo, hace su inciso en una de las grandes teorías sobre la existencia de ETA, que aunque es cierto que nació en un contexto fascista español, en un momento de movimientos descolonizadores (Vietnam, Argelia), y de guerra fría, sin olvidar su componente nacionalista.

Una de las teorías que se mueve entorno a ETA, es que su caracter principal sobre todos los demás era MARXISTA... (e internacionalista...), y que practicaba la revolución comunista, como se ha practicado en tantos otros como Cuba, Rusia, China, Korea del Norte, Vietnam, etc., algo que por supuesto no coincidía con la naturaleza de otras fuerzas vascas como el PNV al que se le ha querido acharcar, aquí está la prueba de que esto no es así, pues ¿cómo va a querer el PNV una república comunista en Euskadi, siendo eso lo que perseguía ETA?.

Con esto no queremos decir que no condenamos a ETA y estamos con sus víctimas, pero hay que recordar que lo que hicieron lo hicieron en un contexto revolucionario, como el de tantos otros sitios (no por ello menos condenable), hay que destacar su caracter MARXISTA.....

CONVIENE RECORDARLO DE CARA A UN FUTURO.

Sony

Hay que ver lo adelantada que está la sociedad y monarquía británica, ha hecho muy bien no teniendo ningún problema en casarse con una mujer de otra raza (dudo que la "moderna y democrática sociedad española" permitiese esto...), y la actitud de la monarquía británica en comparación con la española..., recuerdo que de F6 en su día se filtró que le gustaban las mujeres de pelo y ojos claros (europeas por supuesto), que además es lo que tiene, en fin, luego hablan de Torra..., otra más.....

Sony

Y otra cosa, en España hay muchas rubias, pero no son mayoría, el hecho de que Felipe VI (también rubio y de ojos azules), las prefiera como pareja..., no deja de ser curioso, pues no es así la mayoría de su pueblo, pero bueno... otra más.....

CAUSTICO

Sony los ingleses son muy peculiares por su baboseria con la realeza.
Solamente un 17% de los súbditos de los Windsor quieren prescindir de ella mientras que el 39% de los súbditos de los Borbones serían partidarios de suprimir la monarquía.
Y la esssspañola es la monarquía peor valorada de Europa.
Y lo ha dicho Tele5, no ha sido Podemos.

Sony

SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL Sobre La Guerra de Cuba El Liberal 26101898.

https://es.scribd.com/document/258282941/SANTIAGO-RAMON-Y-CAJAL-Sobre-La-Guerra-de-Cuba-El-Liberal-26101898


SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL (1852-1934)

«Sobre la guerra de Cuba»

En las discusiones motivadas por los desastres de la guerra funesta e imposible sos-tenida por España con los Estados Unidos, se han involucrado tres cuestiones totalmente diversas: la lucha separatista, la intervención de la República americana, y la impericia política guerrera y administrativa de nuestras clases directoras, a las cuales atribuyen muchos nuestra decadencia.


No hemos aprendido nada en las enseñanzas de las pasadas guerras. No hemos sabido evitar de choque con la gran República americana. Nuestros políticos, en vez de alejar todo lo posible dicha intervención, reduciendo la guerra a una de esas dolencias nacionales que se repiten cada veinte años y que duran invariablemente de siete a diez - prueba de que hay algo permanente que causa la cronicidad de nuestras contiendas civiles -, hiciéronla inevitable con sus terribles desaciertos.

Primer error: Enviar a Cuba, en vez de cincuenta mil hombres bien equipados y alimentados, doscientos mil soldados, en su mayor parte bisoños, y cuyo sostenimiento en un país donde la vida es carísima, debía agotar rápidamente los recursos económicos de la nación. ¡Y todo para perseguir veinte mil insurrectos a lo más! Cuando el enemigo no desea combatir y vive además refugiado en un territorio sin carreteras, ferrocarriles, ni población, emboscado en una manigua impenetrable, tan inútiles son para los efectos de la victoria inmediata cincuenta mil como doscientos mil soldados.

La guerra no termina en tales condiciones por las armas, sino por la política. Además, todos los que hemos estado en Cuba sabemos que el clima mortífero de las Antillas, en triste complicidad con nuestra pésima administración, es decir, con el hambre, los atrasos en las pagas, el desbarajuste en la distribución y movimiento de las columnas cosas todas absolutamente inevitables en los ejércitos de Cuba o Filipinas, habrían de reducir aquel contingente al año a cien mil soldados y a los dos años a cincuenta mil, poblando los hospitales y hasta los pueblos y aldeas de tísicos, palúdicos y anémicos.

Finalmente, esta enorme desproporción de fuerzas entre la [insurrección y nuestro ejército tenía todavía dos graves inconvenientes: dar a la guerra cubana una importancia enorme, haciendo suponer a los americanos que el país en masa se había alzado ¡Contra España, cosa peligrosísima en presencia de la codicia norteamericana, y colocar a Espa-ña en el amarguísimo trance de entregar rendidos por el hambre, casi sin lucha, a ciento cincuenta mil hombres, una vez entablada la pelea con los Estados Unidos y en el caso harto probable de que nuestra escuadra fuese destruida por la yankee.

Segundo error: La destitución de Martínez Campos y su reemplazo por Weyler. El primero, cualesquiera que fuesen sus éxitos guerreros, representaba en Cuba el espíritu noble y generoso de España, siempre dispuesto a una transacción honrosa en obsequio a la paz. Fue lástima grande que Cánovas no le autorizara para establecer la autonomía. Sus prendas personales, tan simpáticas a los cubanos como a los Estados Unidos, su horror a la inútil efusión de sangre, su repugnancia a una guerra de exterminio que no resuelve nada puesto que disminuye por igual las vidas de ambos ejércitos, permitíanle por una parte contener la codicia yankee, evitando pretextos de intervención, y por otra dábanle Hpjrilidades para calmar en Cuba el odio a España y las malas pasiones de los insurrectos.


Tercer error: Nombramiento del general Weyler, por imposición de una parte de la prensa que ansiaba éxitos ruidosos, aun comprados a costa de raudales de sangre cuba-na. Ésta fue enorme falta política, pues con razón o sin ella, Weyler tenía triste fama de cruel y debía ser recibido con profunda antipatía por la insurrección y con hostilidad manifiesta por la república americana. Ésta buscaba un pretexto para intervenir y el pre-texto no podía ser otro que evitar el inútil derramamiento de sangre, alardeando de esosdeberes de humanidad en cuyo nombre se ha consumado muchas veces la expolia-ción de los pueblos débiles.

Cuarto error: Sabiendo el Gobierno que la guerra se aproximaba ¿cómo no propuso el abandono de la isla de Cuba? El Gobierna debía saber que nuestro ejército estaba enfermo, agotado por una lucha estéril y por toda clase de privaciones, incapaz de lu-char con un ejército robusto, bien alimentado y recién llegado de su patria. Debía saber también que nuestros barcos no eran suficientes para forzar el bloqueo de la isla y que nuestra ruina era inevitable. Y sin embargo, nuestro Gobierno, temeroso, sin duda, de un mitin en las calles, no se atrevió a hablar al país del abandono de Cuba.

La mayoría del país, todo lo que en él había de sensato, no quiso nunca la guerra con los Estados Unidos. A ella fuimos arrastrados por los indoctos y por los delirantes. ¿Es que se le podía ocultar a alguien que pensase un poco, en presencia de los datos de la realidad, que era físicamente imposible que triunfásemos? Y el valor es una condición de la salud y tiene por compañera la esperanza. Y el soldado estaba enfermo, hambrien-to, fatigad, ansioso solamente de descanso. No tenía esperanza, no podía tenerla porque había sido enviado a combatir por tiempo indefinido, sin saber cuándo concluiría la gue-rra, y su único anhelo era acabar pronto y de cualquier manera.

El valor y el honor son cosas muy relativas, y que en general no deben pedirse sino a la robustez, a la seguridad de que detrás del soldado hay una patria próvida, fuerte, rica, que vela por él.

Remedios hay contra todos esos males, sobre todo buscándolos en las cualidades y virtudes enteramente contrarias a las que gratuitamente se han supuesto, salvadoras de nuestra raza.

Remedios son: Renunciar para siempre a nuestro matonismo, a nuestra creencia de que somos la nación más guerrera del mundo. Renunciar también a nuestra ilusión de tomar por progreso real lo que no es más que un reflejo de la civilización extranjera; de creer que tenemos estadistas, literatos, científicos y militares; cuando salvo tal cual ex-cepción, no tenemos más que casi estadistas, casi literatos, casi sabios y casi militares.

La civilización no consiste, como aquí suponen muchos, en adoptar más o menos fielmente los inventos del extranjero, sino en impulsar la conciencia y el arte mediante trabajos absolutamente originales.

Prescindir de la ilusión de creer que la raza latina debe gobernarse como la sajona o someterse a las mismas leyes o métodos políticos. La raza latina, particularmente la hispana, es muy poco apropiada para el ejercicio de las libertades modernas: indisciplinada, novelera, fanfarrona, indócil, su carencia casi absoluta de sentido político la condena a una tutoría constante. Es preciso obligar al respeto del derecho de los demás y al abandono de los groseros egoísmos que la desgarran con el freno de la más estrecha responsabilidad.

Se necesita volver a escribir la Historia de España para limpiarla de todas esas exageraciones con que se agiganta a los ojos del niño el valor y la virtud de su raza. Mala manera de preparar la juventud al engrandecimiento de su patria, es pintarle ésta como una nación de héroes, de sabios y de artistas insuperables.

Renunciar para siempre al empleo de esos adjetivos encomiásticos que, agotando la escala del encarecimiento, no dan lugar a distinguir entre lo mediano y lo bueno. En adelante llamemos ilustre estadista al que alcance éxitos internacionales positivos, y no al que sólo contó fracasos en su carrera; sabio, al que descubre verdades o hechos nuevos, y no al erudito o cultivador del diletantismo científico o literario; ingeniero profundo, al que imagina nueva y útil máquina, o halla una aplicación industrial original de principios científicos desconocidos; general ilustre y valeroso, al que gane batallas dificultosas, y no al que pierde las que debiera ganar, so pretexto de que se pierden con honra [...].

Hemos caído ante los Estados Unidos por ignorantes y por débiles. Éramos tan ignorantes, que hasta negábamos su ciencia y su fuerza. Es preciso, pues, regenerarse por el trabajo y por el estudio.

Hoy sólo son toleradas las naciones débiles a condición de que en ellas se rinda culto a la ciencia. Hagamos como Bélgica, Holanda y Suiza. Abandonemos todo sueño de conquista, todo pensamiento de grandeza militar. Reconozcamos que ya no servimos para eso. Trabajemos [...].

El Liberal, Madrid, 26-X-1898.

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