Las llamadas exposiciones blockbuster - con llamativos títulos, gran número de piezas y amplios recursos museográficos- se están convirtiendo en efectistas y vacuos espectáculos en los que gran cantidad se asimila a calidad. La que ahora se expone en el Guggenheim Bilbao sorprende además por una asombrosa manipulación del discurso expositivo.
He encontrado a Cuba fuera de Cuba, le dije hace unos días a un amigo. Se rió con mi juego de palabras, creía que yo intentaba hacer literatura. Pero no. En Brasil una septuagenaria emocionada me regaló una medalla con la Virgen de la Caridad del Cobre. “No he vuelto desde que me fui en 1964?, confirmó mientras me entregaba aquella pequeña joya que había pertenecido a su madre. Durante mi estancia en Praga, un grupo de compatriotas radicados allí parecía estar más al tanto de lo que ocurría en nuestro país que muchos que vegetan -dentro de él- en la apatía. Entre los altos edificios de New York una familia me invitó a su casa y la abuela hizo un “flan de coco” a la usanza de nuestra cocina tradicional, tan menoscabada en la Isla por el desabastecimiento y las carencias.