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CAUSTICO

Una tal Maria Caridad Carina Mejías Sanchez, alias "Carina Mejías", es diputada por Barcelona.
Políticamente ha dejado huella en la política por tres cosas:
La primera, falsear su currículo con un posgrado y un master falsos.
La segunda, pasarse del PP a CIUDADANOS.
La tercera, insultar a las víctimas de torturas por colocar en Barcelona una placa en memoria de los torturados.
Como consecuencia directa de ello, dicha placa apareció rota al día siguiente.
Marca España, política española.

CAUSTICO

La portada de GARA es sintomática.
Foto grandota con unos cientos de simpatizantes de BILDU en la Plaza Nueva de Bilbao.
Titular:
"BILDU reunió a su comunidad en Bilbao,el PNV repartió críticas a derecha e izquierda, Iglesias estuvo en Iruñea donde también estaba Calvo del PSOE"
"Comunidad" es un término más bien de curas, lo que hace el PNV les obsesiona y lo que hacen o dejan de hacer PODEMOS y PSOE les parece divino de la muerte.
Puff qué cacao mental tienen.

Sony

Federico Jiménez Losantos - Iceta y Sánchez piden diez años para desespañolizar España - Libertad Digital.

https://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/iceta-y-sanchez-piden-diez-anos-para-desespanolizar-espana-87537/


Realmente, ese es el problema, pero...:

1. No creo que tengan intención de hacerlo.

2. No creo que aunque tengan intención, les dejen hacerlo.

3. Han tenido 40 años tras la muerte de Franco para quitar los posos del franquismo en la sociedad, han pasado de hacerlo y ahora seguramente puede ser tarde.

CAUSTICO

Cayetana Alvarez de Toledo, esa pija con cuello de jirajfa y cerebro de gallina dice hoy, para poder salir en la prensa, que a los independentistas les mueve la xenofobia.
Edurne Uriarte no puede vivir sin ETA y justifca su vuelta a la política rastrera para luchar contra el discurso de legitimación de ETA.Esta tipa sin ETA no es nadie, pero es que con ETA tampoco.
No me extraña que le saquen al ruedo otra vez al viejo y descarado Rafael Hernando porque es tan repelente como estas dos taradas, pero tene más gracejo español.

Sony

EL LIBRO QUE SACUDIRÁ LA PRENSA ESPAÑOLA.

CORRUPCIÓN EN EL PERIODISMO.

Comprar un periodista no es posible, pero del alquiler podemos hablar.

https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-03-29/libro-publicacion-poder-periodismo-periodico-el-mundo_1910922/

Comprar un periodista no es posible, pero del alquiler podemos hablar.

David Jiménez ha narrado en casi 300 páginas su polémica experiencia como director de 'El Mundo'.

Este es un extracto del libro que promete desnudar las miserias inconfesables del periodismo.

Foto: El periodista David Jiménez. (EFE)

El periodista David Jiménez. (EFE)

AUTOR
DAVID JIMÉNEZ

TIEMPO DE LECTURA12'

29/03/2019 05:00 - ACTUALIZADO: 29/03/2019 23:54

Los periodistas ni siquiera podíamos acogernos a la excusa de la necesidad: todo había empezado cuando la prensa vivía en la abundancia y los regalos de empresa colapsaban cada Navidad los servicios de mensajería de las redacciones. Jamones, cajas de vino, puros Montecristo, tarjetas regalo de El Corte Inglés y cestas con caviar incluido se acumulaban junto a las mesas de los redactores jefe y en los despachos del 'staff'. Entre las anécdotas legendarias del oficio, Ramón Lobo contaba el día que una conocida marca de electrodomésticos obsequió con un televisor a cada uno de los asistentes a una rueda de prensa. Al final del reparto sobraba uno, así que un compañero preguntó si podía llevárselo también.

Y se marchó con dos televisores.


Las comidas gratis en los mejores restaurantes, los coches prestados indefinidamente y los créditos a intereses inimaginables para el resto de los mortales estaban a la orden del día. Un exconsejero del Banco Popular me contó que la política de la empresa era «tener contentos a los periodistas de Economía» con hipotecas por debajo del mercado, para asegurarse una cobertura amable. El banco terminó yéndose a pique tras haber mantenido durante décadas la imagen de ser el mejor gestionado del país.

Era un sistema en el que los jefes se llevaban la mejor parte del botín, pero donde siempre había algo para la infantería.

—¡Viaje por la jeta a Tanzania! —gritaba alguien en mitad de la redacción—. ¿Quién lo quiere?

—¡Comida en el Ritz!

—¡Rueda de prensa de una marca de relojes: igual cae uno!

Llegó un momento en que el diario tuvo que recordar a los redactores que aquellos viajes contaban como vacaciones y no como coberturas, por mucho que al volver se escribiera una crónica al dictado de la oficina de turismo.

Llegó un momento en que el diario tuvo que recordar a los redactores que aquellos viajes contaban como vacaciones y no como coberturas.

Aunque la crisis había terminado con la barra libre, la fiesta continuaba para la aristocracia del oficio. Los periodistas estábamos tan convencidos de nuestra excepcionalidad, de formar parte de una casta privilegiada que merecía un trato preferencial, que una de las reporteras más célebres del país, que en su día había trabajado en 'El Mundo', llamó en una ocasión a la Comunidad de Madrid para pedir que enviaran a los bomberos a su casa porque se había dejado las llaves dentro. Cuando le sugirieron que avisara al cerrajero, se sorprendió como solo podía hacerlo alguien que perteneciera a un gremio que había perdido todo contacto con la realidad:

—Eso me costaría una pasta.

Todo aquel mundo de ventajas había empezado antes de mi marcha como corresponsal a Asia, pero durante mi ausencia se había desmadrado. Los sobresueldos para informadores estaban ahora a la orden del día, pagados por agencias de comunicación, clubes de fútbol, partidos políticos y grandes empresas como Telefónica, que durante la presidencia de César Alierta llegó a tener subvencionados a 80 de los más conocidos informadores del país. (…) Comprarse un periodista no era posible en España, pero como dice el dicho afgano sobre la corrupción: del alquiler se podía hablar. (…)

En mitad de la precariedad, y con miles de despidos en las redacciones, una tertulia podía bastar para ganarse a un periodista. Moncloa forzaba el despido de periodistas incómodos, utilizaba la publicidad institucional para castigar a los desobedientes y controlaba las tertulias políticas en radios y televisión, que se habían convertido en el principal centro de debate del país y tenían grandes audiencias.

En mitad de la precariedad, y con miles de despidos en las redacciones, una tertulia podía bastar para ganarse a un periodista.

El control del Gobierno de Mariano Rajoy había llegado a tal punto que sus dos principales facciones, lideradas por la vicepresidenta Santamaría y la secretaria del partido, María Dolores Cospedal, batallaban por colocar en las tertulias al mayor número de afines para atacarse mutuamente, prueba de que en política el fuego más letal es siempre amigo. Era una guerra donde se humillaba al tertuliano enviándole mensajes con las consignas a repetir, se exigían lealtades ciegas y se destruían o promocionaban carreras a capricho, incluidas las de algunos de Los Inspirados, la nueva generación de columnistas que se abría paso imitando a sus mayores.

Una de las encargadas de mantener el reparto mediático entre las familias del poder era la secretaria de Estado de comunicación Martínez Castro, conocida como el bulldog de Moncloa por las broncas que echaba a directores de medios y periodistas. Sus mensajes eran legendarios en el oficio y no tardé en recibir el primero de ellos quejándose por una viñeta en la que nuestros humoristas gráficos, Gallego & Rey, bromeaban sobre la vinculación del presidente Rajoy con la corrupción del partido.

—Que sentido de actualidad —decía la secretaria de Estado de Comunicación en un texto al que le faltaban tildes—, que alusión a algo noticioso, que golpe de humor tiene esta viñeta? Yo solo veo ganas de denigrar al presidente, sin la menor justificación ni en su conducta ni en la actualidad.

Lo normal era que Castro incluyera insultos, pero no debía tener aún suficiente confianza conmigo y me trataba con "cariño".

Cuando comenté el mensaje con el 'staff' me dijeron que les parecía suave. Lo normal era que Castro incluyera insultos, pero no debía tener aún suficiente confianza conmigo y me trataba con "cariño". Hacía 18 años que no ejercía el periodismo en mi país, pero habían bastado unos días para entender que algo fundamental había cambiado en mi ausencia. El poder había dejado de temer a la prensa y ahora era la prensa la que temía al poder. (…)

Algunos capos del periodismo capeaban la crisis aparcando las sutilezas para abrazar directamente lo que en las redacciones se conocía como el periodismo de trabuco. El sistema sostenía a nuevos diarios digitales que operaban haciendo a empresas e instituciones públicas ofertas que no podían rechazar: o ingresaban una determinada cantidad de dinero en publicidad o serían golpeados con informaciones comprometedoras, a menudo inventadas.

La primera vez que supe de la existencia del periodismo de trabuco fue a través de dos directivos de un gran banco, que se me quejaron amargamente de tener que pagar mordidas publicitarias. Cuando sugerí que denunciaran la situación, o incluso que me aportaran las pruebas para que lo publicáramos en 'El Mundo', me miraron sorprendidos:

—Todo el mundo paga —dijo uno de ellos.

—¿Todo el mundo?

—Piensa que para una gran empresa no es dinero, unos pocos miles de euros. Pero las consecuencias de no hacerlo pueden ser graves si propagan un rumor que dañe la imagen de la empresa o de su presidente. (…).

Los Acuerdos, como se conocían los pactos negociados por la prensa tradicional con las grandes empresas al margen de las cifras de audiencia o el impacto publicitario, nos habían salvado de la ruina durante la Gran Recesión. Era un sistema de favores por el que, a cambio de recibir más dinero del que les correspondía, los diarios ofrecían coberturas amables, lavados de imagen de presidentes de grandes empresas y olvidos a la hora de recoger noticias negativas.

Era un sistema de favores por el que, a cambio de recibir más dinero del que les correspondía, los diarios ofrecían coberturas amables.

El grado de sumisión dependía, en el caso de la prensa escrita, de la beligerancia de la empresa y de la capacidad de resistencia del director de turno. Ahora que me encontraba en el otro lado de la barrera, me preguntaba si mantendría mi decoro periodístico con la misma determinación que cuando era un simple reportero sin responsabilidad en la marcha del periódico. El diario vivía la situación financiera más delicada de su historia y no podía permitirse perder las campañas de sus principales anunciantes.

Al principio opté por mantener una distancia con los grandes capos del dinero que me ahorrara dilemas morales. No se trataba de eludir el contacto, sino de evitar que esas relaciones tuvieran una cercanía que comprometiera nuestra cobertura del Ibex. La línea no era nítida, pero parecía evidente que ir a las bodas de las hijas de sus directivos, tomar el sol en la cubierta de sus yates o dejar que te pagaran viajes de lujo suponía cruzarla.

Con el tiempo acepté encuentros con varios presidentes de grandes multinacionales, tras asumir que no podía escapar del papel institucional que se esperaba de mí. No tardé en darme cuenta de que no servía. Una de mis primeras citas con el poder económico fue un desayuno con el presidente de una multinacional energética, que hizo una encendida defensa de la independencia del periodismo, asegurando que 'El Mundo' era un periódico necesario que políticos y empresarios querían acallar. Pero no él, según me dijo.

Con el tiempo, acepté encuentros con varios presidentes de grandes multinacionales, tras asumir que no podía escapar del papel institucional.

—Vaya —pensé—. He aquí un tipo con el que quizá podría llevarme bien.

La reunión tocaba a su fin y mi anfitrión concretó sus halagos en mí, asegurando que mi proyecto era importante y que quería ayudarme.

—¿Hay algo que pueda hacer por ti?

Me quedé en silencio, sin saber si debía pedir que redujera la factura de la luz de San Luis, un millón de euros adicionales en publicidad o información confidencial sobre los expolíticos —incluidos los expresidentes Felipe González y José María Aznar— que habían cobrado de los consejos de administración de empresas energéticas sobre las que habían legislado.

—Hmmm… Nada, gracias —dije tras un largo silencio.

Mi anfitrión insistió:

—Sé que lo estáis pasando mal y creo que debemos apoyar a un director joven y moderno como tú, sobre todo ahora que arranca tu proyecto. ¿Seguro que no hay nada que pueda hacer por ti? ¿Algo fuera de Los Acuerdos?

Volví a declinar la oferta y durante el viaje de regreso me pregunté si no había hecho el gilipollas. Podía haber sacado algo y, si más adelante me pedía un favor, recordar su encendida defensa del periodismo independiente.

Empecé a padecer el incordio de las llamadas de la élite económica del país, porque una vez te conocían podías estar seguro de que llamarían. Sus peticiones me parecieron bastante inocentes al principio. Borja Prado, el presidente de Endesa, de quien me habían advertido que era clave en mi supervivencia porque era «el hombre de los italianos en España», llamaba para pedir ser incluido en 'Vox Populi', la sección de las páginas de Opinión en la que sacábamos una foto tamaño carnet de personajes del día, con una flecha para arriba o abajo y un comentario elogioso o crítico sobre algo que hubieran hecho.

Empecé a padecer el incordio de las llamadas de la élite económica del país, porque una vez te conocían podías estar seguro de que llamarían.

Me costaba entender que alguien que ganaba una fortuna y dirigía una multinacional con miles de empleados le diera importancia a aquel pedacito de periódico, pero ni era mi trabajo resolver los misterios insondables del ego humano ni me causaba mayores problemas satisfacerlo: dos centímetros del diario difícilmente me comprometían a nada. Pablo Isla, presidente del imperio Inditex y Zara, pidió en una ocasión si podíamos llevar más discretamente una noticia sobre su hijo Santi, que tenía una banda de rock y el humor de haber llamado a su anterior grupo Sin Blanca. «Por preservar la intimidad de la familia». Me pareció bien, porque la información había estado toda la mañana en la portada de la web y no era relevante. Otros presidentes se limitaban a enviar un mensaje los días que tenían Junta de Accionistas, pidiendo que por favor recogiéremos la noticia de sus resultados. Sabía que tarde o temprano tendría que lidiar con peticiones más comprometedoras y batallas más importantes.

La mayor de ellas no tardó en llegar.

El más poderoso entre los presidentes del Ibex era César Alierta. Había construido un formidable entramado de poder e influencia utilizando Telefónica, una de las grandes empresas del país, como su cortijo personal. Se podía caminar por los pasillos de las plantas nobles de su sede y ver en las puertas de los despachos los carteles con los nombres de sus colocados: exministros tanto del PP como del PSOE (Trinidad Jiménez o Eduardo Zaplana), familiares de dirigentes políticos, cercanos a la realeza como el ex jefe de la Casa Real Fernando Almansa e incluso la realeza directamente. El cuñado del Rey, Iñaki Urdangarin, fue enviado por Alierta a Washington con un generoso sueldo en cuanto empezó a tener problemas con la justicia.

Me costaba entender que alguien que ganaba una fortuna y dirigía una multinacional con miles de empleados le diera importancia a aquel periódico.

Tener una larga lista de empleados vip no solo engrasaba los contactos del presidente de la corporación con el poder, sino que enviaba a futuros candidatos la señal de que también a ellos podía esperarles un despacho con sueldo de seis cifras — siete, incluso— si se portaban bien. Alierta había organizado, además, una asociación de grandes empresarios que, bajo el inofensivo nombre de Consejo Empresarial de la Competitividad, había sido concebida en 2011 como un poder fáctico en la sombra. Entre sus impulsores estaban, aparte del presidente de Telefónica, el entonces presidente del Banco Santander, Emilio Botín; el hombre fuerte de La Caixa, Isidro Fainé; el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, o el del BBVA, Francisco González.

El Ibex era un enemigo que no querías tener. Yo estaba a punto de sumarlo a una lista que empezaba a ser demasiado larga...

*Extracto del libro 'El director' (Libros del KO), que está disponible en preventa desde hoy.

Sony

La televisión francesa desmitifica la frontera franco-española

https://www.elnacional.cat/es/politica/television-francesa-desmitifica-frontera-franco-espanola_370198_102.html

Sony

Golpe de estado y cambio de régimen en España

Jordi Barbeta

https://www.elnacional.cat/es/opinion/jordi-barbeta-golpe-estado-cambio-regimen-espana_370114_102.html

Barcelona. Domingo, 31 de marzo de 2019
3 minutos
Jordi Barbeta


En una semana han trascendido suficientes escándalos como para confirmar que en España se ha producido un progresivo cambio de régimen, de facto un golpe de estado diacrónico que ha pervertido el espíritu constitucional del 78 para restringir derechos y libertades conquistados y que parecían irreversibles. El problema es que la involución no ha hecho más que empezar, ha venido para quedarse y no se observan resistencias suficientes como para detener al monstruo.

Se ha confirmado que el gobierno español bajo la presidencia de Mariano Rajoy organizó un cuerpo de policía política, maldenominada patriótica y sufragada con fondos públicos reservados, que tenía por misión espiar a adversarios políticos y construir historias falsas para desacreditarlos. Por mucho menos, Richard Nixon tuvo que renunciar a la presidencia de Estados Unidos, pero, de momento, aquí todo es impune.

La guerra sucia del Estado tiene mucho que ver con el relato de la insurrección violenta en Catalunya tal como puso de manifiesto el propio comisario Villarejo. El juicio al procés ofrece cada día más evidencias de connivencia organizada entre los acusadores y sus testigos. El Tribunal Supremo y su presidente ya no disimulan su parcialidad, como intentaron al principio de la vista.

El Ayuntamiento de Barcelona coloca una placa en la Via Laietana en recuerdo de las víctimas de torturas policiales durante el franquismo, y los policías de ahora se dan por aludidos, el atril desaparece a las pocas horas y el ministro del Interior de un gobierno pretendidamente socialista y democrático se permite amonestar a la alcaldesa por su atrevimiento.

La Junta Electoral Central prohíbe todo lo que pueda sugerir el color amarillo, la fiscalía continúa la persecución de los disidentes e incluso dicta a los periodistas de unos medios sí y otros no criterios informativos restrictivos con la libertad de expresión y el derecho a la información.

Senadores franceses expresan su preocupación por la regresión democrática de España y la prensa oficialista reacciona con el mismo tono que los "actos de desagravio" que la prensa adicta dedicaba a Franco hace 50 años "contra la injerencia extranjera".

Y, por supuesto, cuando el ministro Borrell viaja a Europa y le preguntan qué está pasando, no sabe qué decir, carga contra el periodista y da una nueva lección de diplomacia esperpéntica.

Nadie con un mínimo de honestidad intelectual y democrática puede negar que ahora en España hay menos libertad y más restricción de derechos que hace, al menos, una década

Ninguno de estos incidentes habría sido imaginable hace diez años, pero poco a poco se han ido normalizando. Estamos asistiendo a lo que el profesor Timothy Snyder ha descrito como "el camino hacia la no libertad". Es el mismo autor que nos avisa de que antes del holocausto hubo un cambio de régimen.

Algunos de los estómagos agradecidos que contribuyen a argumentar la teoría del golpe de estado en Cataluya se agarran a la tesis de Hans Kelsen, según la cual se puede considerar golpe de Estado "cualquier modificación no legítima de la Constitución", es decir, sin necesidad de insurrección armada. Sin embargo, como bien ha señalado Jorge Cagiao, nadie que no sea el propio Estado está en condiciones de dar un golpe de estado sin violencia. El Estado sí lo puede hacer, abusando sistemáticamente del monopolio interpretativo del orden constitucional.

Aunque suene a reiterativo, es una evidencia de que en España lideran el monopolio interpretativo de la Constitución gente que la votó en contra. Las promesas electorales de PP y Ciudadanos, como por ejemplo la suspensión indefinida de la autonomía, son objetivamente inconstitucionales, pero sólo hasta que el Tribunal Constitucional disponga lo contrario. De hecho, PP y Ciudadanos no tienen ningún rubor en describir la posible coalición con Vox como un "bloque constitucionalista". Cuando el constitucionalismo lo dictan los franquistas, sean los más o los menos radicales, significa que la "modificación no legítima de la Constitución" de la que habla Kelsen ha sido consumada.

Nadie con un mínimo de honestidad intelectual y democrática puede negar que ahora en España hay menos libertad y más restricción de derechos que hace, al menos, una década. En todo caso, la modificación no legítima de la Constitución la denunció en 2010 una autoridad nada sospechosa de golpismo. Cuando el Tribunal Constitucional sentenció el Estatut, Miquel Roca Junyent, padre de la Constitución, escribió: "El pacto constituyente, el espíritu de la Transición, ha sido finiquitado". De eso hace 9 años y ahora lo ha recordado Duran i Lleida en su libro titulado El riesgo de la verdad.

Sony

Estimadas y estimados compañerxs,

El Silencio de Otros, ganadora del Goya a la Mejor Película Documental, llega a La 2, la tele pública, el 4 de abril a las 22 h. La película acompaña la lucha silenciada de víctimas y supervivientes del régimen franquista que, a día de hoy, siguen buscando justicia.


En un momento político y social clave, ésta es una oportunidad única para continuar un debate y llevar a primera plana una conversación necesaria y urgente sobre memoria y justicia.

Por eso pedimos vuestro apoyo: queremos que el máximo número de personas se concentren frente al televisor el 4 de abril de 2019 a las 22h para demostrar el enorme apoyo a víctimas y supervivientes, y romper el silencio y la impunidad. Ayúdanos a que con esta emisión gratuita en la televisión pública, “El Silencio de Otros” se convierta en el grito de todxs.
Hagamos memoria, #RompamosElSilencio.

CAUSTICO

Sony, este periodismo sintoniza pefectamente con la podredumbre general del estado y de sus instituciones.

CAUSTICO

Sony, lo del golpe discreto se ha conseguido gracias a la enferma sociedad española y su habitual colaboracionismo con los abusos del estado.

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