Sábado 1 de febrero de 2020
El espacio público, como su nombre lo indica, es de todos. Está ahí porque el ciudadano con sus impuestos lo diseña, lo crea, lo logra, lo pinta, lo mantiene. Es de todos. Es el abc del comportamiento cívico y por tanto democrático. Lo de todos es de todos y no es de nadie, ni de los sindicatos, ni de la patronal, ni de cuatro cabreados. Es de todos. Es así en democracia.
Una sociedad es fácil de catalogar solo viendo cómo se mantienen sus paredes, su espacio público que es de todos. La falta de instrucción, la violencia desatada que convierte en privado lo público para amenazar, ese acto de abuso de posición dominante cuando se rompe una luna o se pinta una pared habla a las claras de la catadura de quien lo ha hecho, quien lo ha permitido, quien lo ha propiciado, quien no lo ha denunciado y quien se niega a reponer el daño causado.
Es una mentalidad. Típicamente totalitaria que cree que haciendo estas cosas que considera menores arregla algo considerando que el daño causado no tiene la menor importancia.
Hoy he pasado por la plaza del Funicular. Allí sigue ante el parque infantil ésta pintada hecha, al parecer con intención pedagógica, la víspera de la llamada y fracasada Huelga General. Allí sigue. Lo denuncié el mismo día.
No ha sido la única. Se han contabilizado 356, alguna con una diana. Debe ser la costumbre que no termina por desarraigarse. Ese tipo de abuso crea hábito y es difícil erradicarlo, como dejar de fumar.
Los secretarios generales de ELA y LAB, tan amenazantes ellos, tan seguros de si mismo que nos han puesto el tic tac de que si las cosas no se mueven tendremos una primavera roja y más huelgas y más destrucción, deberían denunciar estos hechos y ser ellos mismos, dando ejemplo, quienes limpien las paredes ensuciadas en el espacio público. Sería todo un puntazo. Sería como decir, ”podemos repetir otra huelga general de este tipo pero la siguiente vez será limpia porque somos gente civilizada”.
Verle a Lakuntza y a Aranburu con un mono azul y un balde dándole y dándole, sería un bello espectáculo democrático que dejaría huella, mucho más que el mensaje de la pintada.
Y mucha gente respiraría. Esto va bien, diríamos muchos.
Pero me da que no lo harán.
¿O si Lo harán?.
No, -nos dicen-“PNV, no. No lo haremos. No Gobierno Vasco, no lo haremos. No, ayuntamientos varios, no lo haremos. Nuestro derecho está por encima del vuestro”. Parece que sí.
¡Vaya!. Parece que no lo van a limpiar. Los abusadores son siempre los demás, nunca ese mundo exquisito que nació para denunciar el comportamiento neoliberal y de extrema derecha del gobierno de coalición vasco, del EAJ-PNV, y del sursum corda.
Lo de ellos es el dedo acusador, con abuso incluido. Más de veinte detenciones incluidas.
Si, ya sabemos que así como hay un espacio público que hay que respetar existe asimismo un derecho a huelga que sagradamente hay que respetar pero se olvidan del pequeño detalle que en democracia no te pueden obligar a hacer lo que no quieres hacer. Eso queda para las dictaduras, que son muy malas y muy feas porque también hay que respetar el derecho sagrado de aquellos que quieren trabajar, que no comulgan con sus planteamientos, que quieren vivir en paz. Que no les gusta que las cosas se hagan sin diálogo, seis meses antes y tocando la puerta no correcta y todo porque este es un año electoral.
Eso lo decía Benito Juárez, alguien que los pintaparedes no sabe ni que existió. El prócer mexicano cuyo lema orla el parlamento de aquel país dijo que El respeto al derecho ajeno es la paz.
¡Que poco original!
Ocho palabras. El respeto al derecho ajeno es la paz. Pero para ELA y LAB no es un lema correcto.
Su lema es el derecho a propiciar piquetes abusivos y a ensuciar el espacio público es nuestra paz.
Pues sí
Estamos pues, como mínimo ante una acción no respetuosa, no democrática, censurable y que terminará en que los trabajadores del ayuntamiento terminen por limpiar la pared. Los niños se van a perder esa sabia pintada que solo tiene un defecto.
La han hecho sin permiso de nadie. Un abuso como puede ser una mala acción patronal.
Lo malo de todo esto es que la gente, anestesiada y aburrida de estos comportamientos, considera que esto es lo normal. Lo no criticable. Como la pintada no se la han hecho en el comedor de su casa, se puede tolerar.
Pues no. No es nada normal. Es como si te la hacen en tu portal.
Es una burda imposición.
Preparémonos para “la primavera roja”.
Cierto lo que dice Iñaki pero en los barrios de Bilbao no hay pared sin pintada y la agobiada policía municipal nunca caza a ninguno de esos sociopatas que las hacen.
Lo mismo que no hay farola sin pegotes.
En el centro, mucho menos.
Que cuatro tarados manchen los bienes públicos es asqueroso pero que lo hagan señores maduros en defensa de los currantes es triste.
Publicado por: CAUSTICO | 02/02/2020 en 01:06 p.m.